Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


sábado, 6 de mayo de 2017

Pequeña catarsis y el camino hacia la luz


Hace más de una semana fui a un taller de astrología aplicada.

Se preguntarán ¿qué rayos es eso?

Pues bien, estaba recontra desanimada e hipersensible (no negaré que la plata es una de mis mayores preocupaciones), y justo vi un anuncio de FB sobre un taller para la abundancia, dirigido por una astróloga, psicóloga y coach que y sigo desde hace años, y me inscribí. Fue muy bonito, pero al final terminé más confundida de lo que ya estaba. Espero aprobar mi tesis para que mi profesora (que también es coach y astróloga) me haga mi carta astral (se la hace gratis al alumno con mejor nota del salón y esa quiero ser yo) y me ayude a aclarar mis ideas.

Porque la ansiedad me esta rayando.

Una de las tareas que me propuse para lograr mi objetivo de abundancia (que no sólo incluye lo material, aunque es una parte importante del concepto) fue escribir. Volver a escribir. Tema engorroso para mí, porque está ligado a la confusión que tengo.

Esta semana no hay show, y debido a los varios días que he estado tirada en mi cama, en parte por mi estado de ánimo y en parte porque físicamente estaba mal, no sé si somatizando o por los antibióticos que me recetaron para el helicobacter, pues me creé un horario, bien ameno, bien distribuido, bien ordenado, como para tener de referencia y poder hacer todo lo que tengo que hacer. Que no es la gran cosa pero me pesa la vida.

¿Y qué creen? Todo bien estos días. Cansada, pero bien. Cumplí con todo.

¿Y qué creen? Hoy me atacó de nuevo el monstruo peludo.

Supongo que es el estrés, la presión de la Tesis y lo que viene después de ella, lo que me tiene tan... asustada, ansiosa. Perdida. No sé qué camino tomar, y digamos que no siento mucho soporte familiar como para tomar buenas decisiones importantes (porque la última que recuerdo que me ayudaron a tomar fue estudiar medicina y ya ven... fue irreal). El único que me ayuda constante y concretamente es mi enamorado, sin él, ahorita estaría más perdida.

¿Qué pasa cuando me pongo así?


Bueno, estoy detectando cierto patrón. Mi profe de tesis habló de un mal generalizado en todo el mundo, no recuerdo cómo lo llamó, pero se caracteriza por procrastinar todo lo que hay que hacer porque en el fondo hay mucho miedo de enfrentar la vida. Y sí, eso me pasa, mucho. Entonces, por ejemplo hoy, estaba todo perfecto como para ponerme a leer sobre la bendita prensa sensacionalista del país. Hasta me tomé una pastillita para mejorar mi concentración. Y vaya que me funcionó, Porque, así como anoche que estuve viendo videos en Youtube hasta las 4am en vez de leer, hoy, literalmente, me obsesioné con buscar ciertas cosas en google. Cosas que no tienen importancia en la vida diaria.

Y entonces, "BOOM".

(He borrado varios párrafos. Letras tóxicas).

Bueno. El punto es que hay épocas, como la actual, en que mis emociones me ganan, en que me desbordo por cosas pequeñas. En que todo me afecta un poco más de lo normal, quizás porque estoy más débil emocionalmente.

Entonces, ¿Qué hacer?

Buscar ayuda. Hablar con alguien. Lo contrario a lo que dije párrafos más arriba jajaja.

Puedes sentirte miserable, la peor cosa del planeta.
Puedes estar atrapadx en el hoyo, pensar que no tienes remedio, que la vida no te depara nada bueno.
Puedes pensar que las pocas personas que realmente te quieren, lo hacen por compromiso.
Puedes pensar lo que quieras y sentirte hasta las huevas.

Pero lo que no es válido es dejarte llevar por eso.

¿Hacerle caso? NO. Identifica lo que te pone mal, escríbelo, grítalo, díselo a alguien de confianza, si es necesario. Pon a prueba tus creencias centrales. Busca soluciones.

Recuerda que nada está escrito, porque existe el libre albedrío, y que puede ser que tengas la tendencia a cojear de un pie o caer por algo o alguien... a mí me cuesta que las cosas no me afecten. Pero YO DECIDO qué sucede en mi vida, quiénes entran porque son buenos para mí, quienes salen porque terminaron de cumplir su función o me hacen daño, y por sobre todo, YO DECIDO CÓMO ME SIENTO Y QUÉ HARÉ respecto a lo que me pasa.

Y hoy, a pesar de que he llorado como hace meses no lo hacía, no voy a hacerme daño, no voy a alimentar en base de repetición y profecías autocumplidas esas creencias horribles que tengo sobre mí misma y mi futuro. Esa creencia de que como no soy nadie, no me va a llegar nada bueno, alimentada por las cosas que perdí y ciega ante las cosas hermosas que SÍ tengo conmigo.

Hoy, a pesar de que he llorado, voy a dejar de angustiarme y voy a OCUPARME por crear mi futuro.

Este es el camino que he estado tomando estos años, y a lo que me debo aferrar para no caerme.

El camino de la Fe, de que el Universo tiene algo bueno para mí también, en que yo construyo mi felicidad. Y en que me faltan demasiadas cosas sólo si me fijo en lo que me falta, pero tengo demasiada suerte y demasiados privilegios si miro lo que tengo.


lunes, 24 de abril de 2017

13 reasons why

ADVERTENCIA: Este post contiene información acerca del suicidio que puede herir tu susceptibiildad. Te sugiero que si tienes pensamientos suicidas, leas a partir de la parte separada por ***.


Había separado mi fin de semana para leer un libro para mi tesis, pero enfrenté a mi hermana. Yo sabía que no podía seguir con la ley del hielo. No le pedí disculpas por defenderme la última vez que me trató mal, que es lo que ella estaba esperando para volver a hablarme, así que no funcionó. Ya hemos tratado de llegar a acuerdos antes, de mejorar las cosas, de comunicarnos, y no se puede. O no es el momento. Creo que ella no va a comprender, porque no está en capacidad. O vemos las cosas muy diferente. O simplemente es más orgullosa que yo. El punto es que me puse muy mal, y por eso me puse a escribir el post anterior (que, milagrosamente, ha recibido comentarios, los cuales me sorprendieron, agradezco infinitamente y me motivan a escribir una vez más). Sí, la catarsis fue después de confrontarla por la bendita ley del hielo (que aún continúa, y ahora peor).

Mi catarsis sabatina me llevó a dejar de lado mi tesis. Mi cabeza estaba llena de pensamientos muy negros, que no tenía desde hace mucho tiempo. Mi mente vagabundeaba en mi época suicida, recordando sensaciones, recordando imágenes. Y eso me llevó a recordar que medio mundo estaba obsesionado con la bendita serie "13 reasons why". "Que la chica es muy exagerada", "que la serie es buenaza", "no, es muy lenta". No tenía ganas de engancharme, tengo que leer, me separé el fin de semana para eso. Sólo veré la escena del suicidio, me dije. ¿Qué tan explícita podía ser? Así que abrí youtube y la busqué. Fue facilísimo. Y la ví. Y me impactó, pero también me pareció irreal.

Porque yo misma me he tratado de suicidar cortándome las venas y no es tan fácil.

Lo admito, esa escena me llevó, sin querer, a ver el resto de la serie. Eran las 3 de la mañana del domingo y decidí ver sólo el principio, para entender qué onda con 13 reasons, "Un capítulo por día"; me dije. Sí claro. 6 y media de la mañana y recién cerré los ojos, para abrirlos a las 10 y media, leer un par de páginas de mi libro y volver a enfrascarme en la serie hasta la noche.

Recién hoy la he terminado.

Mi política ha sido no hablar de estos temas fuertes porque no quiero herir susceptibilidades. Pero estos días yo me siento susceptible, y siento que necesito volcar esta sensación de herida en el pecho en alguna parte. Pienso que mi blog es seguro, y espero, de verdad, que lo que diga no influya negativamente en nadie.

Porque de eso trata la serie, de cómo lo que alguien hace puede afectar a otros. El efecto mariposa.

No voy a contar nada de ella, sino cómo me afecta a mí. Porque sí que me afectó.

Han sido días en los que, sin querer, he tenido muy presente mi cicatriz de mi pasado depresivo. No lo pongo entre comillas porque quiero que siga siendo eso, pasado. Hubieron situaciones en el instituto que me hicieron hablar del tema, y sin querer, otras personas se enteraron. Aún debo hablar de la depresión en un trabajo de grupo. No está siendo muy fácil para mí dar la cara, pero estoy tratando de ser fuerte. Después de todo, no debería avergonzarme, le pasa a cualquiera. Sin embargo, se me ha sumado con saber que una compañera también pasó por esto, y que alguien de mi trabajo está jugando con fuego, y "como yo ya lo superé" soy candidata para ayudar.

¿Realmente estoy preparada para ayudar a alguien que pasa por depresión y/o trastornos alimenticios, cuando una serie que habla del suicidio ha despertado en mí esa sensación existencialista que lo cuestiona todo, incluso las cosas buenas que tengo?

Estoy vulnerable. Mucha gente, incluída yo, no logra superar jamás al 100% estos problemas. Tenemos semanas fáciles, meses felices, temporadas sin fantasmas. Aprendemos habilidades que nos permiten salir adelante cuando nos sentimos mal, a darle la vuelta a la tortilla y no seguir nuestros impulsos autodestructivos. He vivido la oscuridad, y también la luz, y es natural que, cuando la oscuridad está presente, sea más difícil apreciar la luz. Porque la oscuridad es acogedora, y en muchos casos, un vicio. Una adicción, algo que te acompañó por tanto tiempo que cuando percibes atisbos de ella, la recibes con miedo, pero con cariño.

Mi primer intento de suicidio fue a los 14. Mis brazos siguen llenos de cicatrices, aunque felizmente menos notorias. Inocentemente, jamás le di al blanco y me quede en a superficie, pensando que era suficiente al principio, y luego, usándolo como una especie de desfogue porque me di cuenta de que no era lo suficientemente cobarde como para ir más al fondo. Mi instinto de supervivencia es fuerte, y no es tan simple suicidarse, el dolor es fuerte.

No he venido a satanizar la sierie, ni dar detalles (acabo de borrar un párrafo explícito). Creo que la escena no es del todo real. Pero creo que las situaciones que rodearon a la protagonista fueron lo suficientemente fuertes como para generar una depresión fuerte, y su manera de narrarlo, tan precisa, que me sorprende.

No me siento identificada con el personaje. Soy muy diferente ahora. Pero puedo decir que me sentí así durante muchos años, cuando era niña. Quise desaparecer por problemas económicos, por soledad en casa, por soledad en el colegio, porque no me sentía atractiva, porque me daba miedo ser mujer en una sociedad tan machista y agresiva, porque no veía ninguna fuente de luz en ninguna parte, y cuando la buscaba, me sentía defraudada. Comprendo a Hannah. Y también comprendo una parte, la racional, la de los personajes que la rodearon. Y ahora, como adulta, entiendo cómo hacer. Qué hacer, cuando se está en esa bañera.


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Yo sobreviví. Quise morirme, y aquí estoy, aún sin saber para qué, pero buscando una misión nueva que me llene (porque la que había encontrado está a punto de acabar). Porque la vida no se trata de encontrarle un sentido para poder vivirla, sino vivirla para que, en el proceso, hallemos un sentido que nos mantenga ahí. Lo he encontrado varias veces, y varias lo he perdido. Y así se anda, a veces bien, a veces sin ganas de salir de la cama.

A mí me cuesta. Porque es difícil vivir con depresión, es difícil saber que existe un estigma en la sociedad que hace que, de alguna manera, seas inferior para muchos; es doloroso que mucha gente se aparte de una porque considera que eres "problemática", "exagerada", "inmadura", que se cansen de estar ahí para tí en tus peores ratos a pesar de que te prometieron que nunca te iban a dejar. La gente falla. Las personas no somos perfectas y es normal (y triste) que te dejen. Sí, pues, lastimosamente mi cuerpo está enfermo. Pero es posible, ¿saben?, es posible encontrar la manera de que el corazón sea más fuerte que la mente.

Un momento clave en mi vida fue cuando terminé con mi ex. Porque estaba enferma, en ese entonces. Porque, a pesar de sus advertencias, yo seguí prefiriendo estar mal, y jugaba con fuego. Al final, se cansó. Y con justa razón, tenía todo el derecho. Pero, en vez de que esa situación fuera leña para avivar mi llama depresiva, dejé la madera a un lado, y decidí contemplarla. Llorarle. Tocarla, acercarla a la chimenea, pero dejarla fuera. Porque jamás había vivido una situación tan fuerte en la que me tocara estar sola. Y porque jamás me había demostrado a mí misma que era lo suficientemente madura como para no caer por "cualquier cosa" (aunque esto no era cualquier cosa, era perder a un ser amado), decidí que era un buen ejercicio para comenzar a desarrollar la habilidad de, en vez de hundirme más, levantarme. Me harta un poco hablar de esto porque ya pasó (si él leyera esto se jalaría de los pelos jajajaja ¡ha pasado tanto tiempo!), pero lo uso para graficar la situación.

Y es que uno elige cómo sentirse, es decir, cómo reaccionar ante las cosas que suceden.

Yo tomé decisiones similares a las de Hannah, me corté y sangré, dejé de comer, vomité, me autoinfligí dolor físico de varios tipos, porque no conocía otra forma de protestar. Hablar era imposible para mí, y claro que traté de hacerlo en algún momento y tampoco me ayudo mucho. Porque no fue la persona correcta, porque no estaba preparada para atenderme, porque yo no sabía expresarme bien y metía más la pata, porque no era el momento de ver la luz. Me defraudaron, y yo lo usé como excusa para sentirme más sola. Yo reaccioné así hasta mis 22 años (y un poquito más después) porque no conocía otra manera de reaccionar. Porque estaba atrapada en el drama, en el dolor, en la enfermedad, en la oscuridad. Porque no veía salida. me hice daño de mil y un maneras.

Hasta que conocí la luz. Y decidí seguirla.

Y no, no hablo de ninguna religión, sino de un estilo de vida y de pensamiento.

Yo no vengo a vender ninguna terapia, pastilla mágica o cura milagrosa, porque todos somos diferentes. A mí me funcionó internarme, absorber todo lo positivo que de ahí podía sacar, y posteriormente, hablar. Enfrentar mis miedos, encarar mis situaciones, caerme si era necesario y volver a levantarme a volver a intentar. Hice yoga, medité, salí con amigos, tuve novios, trabajé, me sentí útil e inteligente, estudié, y todo eso, TENER UNA VIDA, tener algo más en qué pensar y de que ocuparme, me ayudó a sentirme bien y encontrar amor. Porque al final, eso es lo que más ayuda: el amor.

El amor salva, el amor cura, el amor transforma, el amor es la solución a la oscuridad.

No soy la persona que más se quiere, y de hecho, ahorita mismo estoy pasando por un bache de no querer comer bien, y de tener pensamientos suicidas. Lo admito, me avergüenza pero lo admito: me he estado cuestionando mi vida. A estas alturas en que "ya lo he superado", no tengo a quien acudir, exactamente. Ya hablé con mi novio, anoche, y me sentí mucho mejor, porque me ayudó a entrar en razón. No le conté nada explícito (ni siquiera le habl'e de la serie) porque sé hasta qué punto él comprende estas cosas, pero entendió que, en estos momentos, necesitaba de su presencia, y se quedó conmigo toda la noche. Me ayudó infinitamente el saber que existe amor a mi alrededor. Que hay gente, poquitita, pero hay, quienes me quieren. Mi mamá está de viaje, así que es complicado, pero sabe, desde las cosas que pasaron con el instituto, que no estoy del todo bien. Hoy terminé la serie y vuelven a mí esos cuestionamientos existenciales. La diferencia con la Cristal de hace 7 años es que ya pasé por ahí, ya salí, y tengo, más o menos, una idea más amplia del panorama.

No una solución definitiva. Pero sí algunas cosas que puedo hacer, mientras tengo más claro lo que quiero.

La decisión es difícil, porque aún hay algo de mí que tira para lo triste. Es parte de mi personalidad. No quiero justificarla, pero a veces la encuentro. Pero como me dice Él, "yo decido, si quiero ser feliz, o si quiero el sufrimiento". He venido escogiendo la primera opción por mucho tiempo, a veces pienso que me toca sufrir, pero también soy consciente de que si sufro, no soy capaz de hacer las cosas con las que ya me comprometí, y tengo tanto terror a fallar que de ahí me agarro. A veces la inercia puede ser el primer paso.

Tengo una amiga que la pasa peor que yo. Que siempre me cuenta sus problemas, que tiene una mente aún más jodida que la mía para ciertas cosas (la mía le gana en terquedad). Y sé que esto va a seguir pasando, y pasándome, ad infinitum, hasta que me toque morir. ¿Por qué no terminarlo todo, entonces?

Porque no se puede.

No es la salida.

Busca excusas, las más inverosímiles, si quieres, la que sea que te ayude a seguir viva. A mí me sirve pensar que, no se burlen, cuando uno se suicida no es capaz de subir a la luz, y el sufrimiento no se acaba, sino que se queda ahí, con uno, flotando en el limbo, por haber rechazado el regalo de la vida, el regalo de tener la posibilidad de mejorar. Me sirve creer, y estoy segura, de que matándome no termino mi sufrimiento, al contrario: lo eternizo, porque sólo se puede terminar el dolor en este mundo, no en el otro, y si no estoy viva, no puedo hacer nada por él.

Incluyo en la razón anterior que he comprobado, cuando he estado en la luz, que ese deseo de morir no es exactamente eso: desear morir significa desear ya no sufrir. Desear alejarse, escapar, descansar, sentir algo positivo, algo que me genere bienestar y que no sea el bienestar de la conocida tristeza. Bajo esa premisa, desear morir en realidad significa desear cambiar las cosas. ¿Se pueden cabiar las cosas estando muerta? NO.

Una vez que estoy convencida de que el camino no es la muerte, encuentro maneras de no hacerme daño. Porque ok, podemos entender que el camino no es desaparecer, pero bien que satisface cortarnos, o tomar pastillas (no las suficientes como para morir pero sí como para dormir varios días o necesitar un lavado de estómago), o drogarnos, emborracharnos o jugar con miles de situaciones riesgosas. Gracias a Dios no tengo un desorden de la personalidad limítrofe, pero tengo una amiga que sí, conozco a gente que sí, y sé lo que sienten, y sé la facilidad con la que caen en estas conductas. Y ese es otro de los retos: parar. Quedarse quieto. No hacer nada.

Cuando tengo ganas de hacerme daño, de no comer, de vomitar, de cortarme, simplemente me quedo en mi cama. Pulso el botón de apagado. Ni siquiera agarro mis pastillas, podría dormir toda la noche con un par de ellas, pero no están permitidas en el juego. Porque es eso, un juego. Si lo tomo como tal, como un reto, como un juego, funciona mejor. Así que no, no pastillas. Cualquier cosa que me ayude a dormir sin pensar mucho: entrar a facebook, jugar juegos de video o en mi celular, mirar el techo, hasta que no doy más del aburrimiento y me quedo dormida. Estoy puede durar días. Si no me dan ganas de comer, no lo hago. Nadie muere por saltarse uno o dos días la comida. Y en mi caso, ya no llego a eso, porque ya no soporto la debilidad y termino cediendo. Sintiéndome mal pero cediendo. Parte del reto es no vomitar, así que si como, es algo que sé que no vomitaré.

Puedo pasar algunos días así, faltar a mis clases, no ver a nadie. Por suerte, me dura poco. Porque tengo muchas cosas que hacer. Al día siguiente recuerdo que tengo que ir a clases, o dar clases, o tengo show. Así que me levanto. "Pucha, debo tomar mis antidepresivos. ¿Lo bueno de tomarlos? Me mantengo con vida. ¿Lo bueno de no tomarlos? Caigo más en el hoyo. Yo decido. Los tomo, no puedo darme el lujo de morir. Pero para tomarlas, necesito comer, así que tomaré desayuno". Así, pasito a pasito, tomando decisiones simples pero cruciales, voy saliendo de mi cama, haciendo las cosas que emocionalmente me siento capaz de hacer, y así voy agarrando fuerza.

Porque las cosas que pasan en la vida, cuando uno está bien, refuerzan la sensación de bienestar, y ayudan a seguir adelante. El círculo vicioso de la oscuridad es comparable con el círculo vicioso de la luz: ambos se retroalimentan. Así, ya haciendo cosas rutinarias, soy capaz de hablar. Se me nota cuando estoy mal porque no vivo sola. Y si lo hiciera, he agregado a mi sistema salvavidas un botón de alarma: aprendí a pedir ayuda.


Esta parte es importantísima, porque cuando uno no tiene amor propio dentro de sí para darse, es el amor de los demás del que podemos nutrirnos. Pero hay que saber de quiénes pedirlo, cuándo y cómo. Eso también se aprende. Hannah tenía unos padres maravillosos, y su error estuvo en no contarles nada. Ellos pudieron ser sus salvavidas, no Clay, no ninguno de sus amigos. Sus padres, que la amaban no importara qué. TODOS tenemos a alguien, sea nuestra mamá, papá, hermanx, amigx o pareja. Siempre hay alguien en el mundo, aunque sea una persona, a quien le puede afectar muchísimo lo negativo que te pueda pasar. SIEMPRE. Y si no hay nadie cerca, están los desconocidos de los foros de ayuda. Y por último, están los psicólogos.

Y ahí hago un apartado especial: no todos confían en psicólogos porque piensan que nos lavan el cerebro. Bueno, yo te hago una pregunta: Si no fuera necesario a veces un lavado de cerebro, una limpieza de toda la basura que nuestras mentes pueden generar, ¿por qué existen entonces? A mí me han fallado mis psicólogos de cuando era niña. También un par de psicólogas del internamiento. Pero uno de ellos, uno de entre varios que me atendieron en el transcurso de la vida, fue capaz de agarrar mi mano, comprender mi mente y empujarme hacia arriba. Es cosa de intentar, y de seguir intentando hasta lograrlo.

Igual con las pastillas. Tengo la gran suerte de que existen unas que me hacen bien y no fue necesario buscar demasiado (Aunque, soy sincera, en situaciones como ésta me pregunto si hay algunas que puedan ser mejores, porque se supone que no debería entrar tan profundo en la oscuridad si las estoy tomando). Hay personas que lastimosamente no tienen la misma suerte que yo y dejan de creerles, porque no les han hecho el efecto que esperaba. Ese es un misterio que a mí me duele y me genera culpa ("¿Por qué yo sí y otros no?"), pero ese es un problema mío que no debo escuchar. Una táctica más de mi mente tramposa para sentirme mal y meterle leña al fuego. Lastimosamente, amigos resistentes a la medicación, hay que seguir intentando. Buscar nuevas pastillas, darles oportunidad a más cosas, y probar. Sí, debe cansar. Sí, debe ser difícil y doloroso. Pero existen formas de salir adelante.

Y si no es con pepas, entonces con electricidad, con magnetismo, con Reiki, con Yoga, con alimentación, con deporte, con lo que sea que te genere endorfinas, que te genere bienestar con el tiempo. Ojo, no se trata de hacer una sesión y decidir, porque así no funcionan estas cosas: hay que estar un tiempo con la terapia que decidas para ver los efectos. Nada es inmediato.

Por esta razón, acepté a mi corazón comprarme una torta de chocolate para terminar de ver la serie, por esta razón, me paré hoy de mi cama, y por estas razones, me tengo que ir a animar un cumpleaños. ¿Cómo puedo hacer felices a los demás si yo no me siento así? Pues no lo sé. Al principio me cuesta, al principio sigo mal. Pero he aprendido que, ocupándome, mi mente se distrae, y puedo cambiar mi estado de ánimo. Como decía mi psicólogo, "primero es la acción, y luego la motivación".

Y como dice mi novio, "recuerda que quien toma las decisiones es tu corazón, no tu mente. Tu mente te va a meter cabe siempre que pueda, te va a poner excusas, te va a hacer todo más difícil; tu corazón nunca se va a equivocar, porque el corazón siente". Y sentir paz, sentir alegría, sentir amor genera bienestar aquí y en la china.

Por último, 13 razones para seguir viva, así sean pequeñas:

1. Porque no quiero vagar en la nada y sufrir sin poder parar. Quiero poder seguir evolucionando.

2. Porque le haría mucho daño a mi mamá, hermanos, novio y amigos. Y si me cubren los medios, a otras personas vulnerables.

3. Porque quiero morir por causas naturales, no por mi propia mano.

4. Porque quiero experimentar aún muchas cosas, como estar embarazada, enfermarme gravemente o envejecer.

5. Porque quiero viajar y conocer otras caras del mundo.

6. Porque quiero conocer muchas cosas, leer muchos libros.

7. Porque quiero jugar Zelda.

8. Porque quiero ver crecer a mi familia, amigos, etc.

9. Porque quiero ser reconocida por algo bueno que hice en la vida.

10. Porque quiero tener anécdotas que contar a mis hijos y nietos, enseñarles cosas de la vida.

11. Porque quiero tener una carrera profesional (al menos).

12. Porque quiero amar por mucho tiempo a una persona.

13. Porque, en el interin, quiero aprender a amarme más constantemente y seguir haciendo cosas que me gustan y me salen bien para seguir sintiéndome bien conmigo misma.



sábado, 22 de abril de 2017

Consecuencias a largo plazo de la anorexia y la depresión


¿Alguna vez, queridx lectorx, te has puesto a pensar en qué consecuencias tiene una enfermedad mental/emocional a largo plazo?

Es decir, todos sabemos qué causa tener depresión, y que los trastornos de la alimentación se basan, en parte, en lo mismo.

Y también hemos escuchado muchas historias acerca del desgaste físico que causa la mala alimentación y la tristeza, desde debilidad general y "tendencia a enfermarse", como en mi caso, hasta el desarrollo de cánceres, que si bien no está comprobado al 100% científicamente de que tienen una causa emocional definida, sí hay estudios (y un psicoanalista me dijo hace unos días) que dicen que el estrés causa mutaciones que generan cánceres in novo (Olviden este término, ya no se me da bien hacer de doctora. Ahora mi rubro es otro).

Pues bien, todos sabemos que la mente y emociones influyen en el cuerpo... pero, ¿qué tanto influye una enfermedad de este tipo en el resto de cosas de tu vida? Es decir, vamos, no todo es el físico, y hay muchas áreas que se ven afectadas por estas cosas. Si no lo crees, pregúntate: ¿De qué manera afecta mi "estilo de vida"/enfermedad en los aspectos de mi vida que no son mi salud? Y ahí te darás cuenta de la gran cobertura de estos asuntos y de lo mucho que influye en tu desempeño escolar, laboral, y en tus relaciones, desde el no querer ver a nadie y evitar situaciones sociales para no tener que enfrentar a la comida... hasta hacerle daño a otras personas, sin querer.

Hoy, amigos, les voy a contar una historia. Una historia muy personal, una muestra de cómo te puedes cagar la vida metiéndote en sacos de once varas pensando que "desaparecer" es la solución de todo, y al final terminas cagándole la vida a alguien más. Porque así son estas enfermedades, te afectan en todos los aspectos de tu vida, en diferentes grados, hasta que te lo pueden quitar todo. Incluido el amor de una persona.

Y no lo hago por victimizarme. Lo hago porque recién hoy, 22 de abril del 2017, he sido plenamente consciente de la magnitud de este problema, que no puedo contar a nadie de mi entorno, al menos ahora y así, porque no lo van a comprender del todo, recién tengo cita con el psiquiatra el 1 de junio, y necesito sacarlo para observarlo bien. Sorry, tesis, tendré que avanzar de madrugada.

Yo tengo una hermana menor. Una hermosa y buena hermana menor. Desde pequeñas se empezaron a notar las diferencias entre ambas: mientras yo era callada y sumisa, ella era la alegría andante. Yo cantaba, pero ella hacía bulla. Yo jugaba, pero ella era el juego hecho persona. Tenía un carácter fuerte, si yo hacía algo que a ella no le parecía, me decía "tú, tala", que significa "mala". Eso me hacía sentir mal, vamos, que una niña de 3-4 años no sabe procesar bien que le digan cosas así, no las entiende, y termina creyéndolas. Por mucho tiempo creí que yo tenía algo malo innato en mí, pero ese es otro tema que ya superé. Yo sé que no soy mala. Bueno, el caso es que crecimos siendo las mejores amigas del mundo. Jugábamos a la casita, a las barbies, dormíamos en el mismo cuarto, jugábamos a las princesas, a que teníamos poderes mágicos... Éramos uña y mugre. Hacíamos todo juntas, hasta nos vestíamos parecido. Lo único que nos separaba eran nuestros temperamentos, el mío fácil, nervioso e introvertido, el de ella, un poquito explosivo, extrovertido e independiente. Ella tenía un par de amigas en el barrio y era aguerrida como un niño, no le molestaba ensuciarse y jugar rudo. Era una preciosa de ojos celeste cielo y cabello amarillo fuerte. Hasta me cuidaba en los recreos, cuando las niñas mayores me molestaban. Su personalidad salía por sus poros, mientras yo trataba de agradar a todo el mundo.

Fuimos creciendo, y pasaron muchas cosas, muchas, que nos afectaron a las dos. Es inevitable, es el curso de la vida pasar por situaciones difíciles. No me da pena, ya no. De hecho, pienso que la he tenido más fácil que millones de personas. Sin embargo, nada puede evitar que uno desarrolle depresión, ansiedad o trastornos alimenticios si tiene predisposición a ello y el ambiente lo propicia. Pues bien, yo empecé a dejar de querer jugar a las barbies, pues ya estaba creciendo, mientras ella me pedía que jueguemos. Yo la empecé a rechazar. Simplemente no me provocaba. Prefería encerrarme en mí misma, ver tv, leer, total, "ella tenía otras compañeras de juego y yo no importaba tanto". No me daba cuenta de que yo era irreemplazable.

 Esto no es Frozen, amigos, esto es la vida real, y con un final triste, no como el de la película.

Cuando mi depresión empezó a crearme un hoyo en el pecho, y mi primer episodio de anorexia me comía el alma, yo fungí de hermana mayor muy bien. Tenía 12-13 años, y era perfecta. Mi hermana lloraba a veces, en su cama, y yo podía ir y consolarla, haciendo de oídos sordos lo que mi propio corazón me decía. Estábamos pasando por problemas familiares muy complejos y había una gran sensación de soledad en la casa que nos acompañaba a todos. Recuerdo sentarme en la cama de mi hermana, poco menos de dos años menor que yo, y acariciarle la cara hasta que se relajaba y se quedaba dormida. Me sentía bien, útil. No necesitaba nada, ni siquiera ropa, ni siquiera comida, ni siquiera agua. No necesitar equivalía a no merecer. Y conforme ese no merecer creció y yo me acerqué a los 15 años, me convertí en la peor versión adolescente de mí misma. Me cerré por completo. La verdad, no recuerdo muy bien esa época, porque mi mente estaba en otro lado. Sólo sé que no sólo me restringía la comida, sino que me alejaba de las fuentes de cariño, de lo que me humanizaba. Entre ellas, mi hermana. Ella también la pasaba mal, a su manera, y sus reacciones empezaron a ser muy fuertes. Hasta que, de pronto, empecé a desarrollar manías y no toleraba estar cerca de ella.

Así de simple: no la podía tocar. Me daba la sensación de que todo lo que ella tocaba estaba contaminado por su energía. Mi percepción estaba al límite, todo me afectaba, y, en mi cabeza, su temperamento parecía apoderarse de las cosas. Estábamos en una época sumamente difícil, lidiando con cosas muy fuertes, y mientras ella se desesperaba por acercarse a mí, yo luchaba por alejarme de ella. Así de simple: tú tocas eso, yo lo tengo que limpiar o coger con algo de alguien más para no sentir tu energía, que es tan fuerte que no la tolero. Tú te bañas antes que yo, yo no puedo usar la ducha ni 4 horas después porque tu presencia sigue ahí; tú te sentaste en la computadora, yo pongo ropa sucia de nuestro hermano mayor para que aplaque tu sensación en el asiento; te sentabas a mi lado en la movilidad del colegio, me arrimaba lo máximo posible para ni siquiera tocarte y rozaba las partes que tuvieron contacto contigo con objetos como la puerta del carro, o la pared, u otra persona, para limpiarte de mí. Mientras mis otras manías iban cediendo, ésta fue creciendo, al punto de que ya no podía ni escucharla: ni su voz, ni los ruidos que hacía al comer, o al pasar sus dedos por los objetos, o al utilizar objetos como el tenedor sobre su plato, o al respirar, hablar o cantar (Muchos años después me enteré de que eso se llama Misofonía, dale click para aprender un poco más sobre éste trastorno. Esto me sigue pasando, en menor intensidad, y con otras personas). Bueno, pues: ¿Cuál creen que fue mi reacción? CALLARLA. Decirle, primero intolerante pero reprimida, luego a gritos y violentamente, que se callara. Que no hiciera ruido. Que se quedara quieta, que no respirara, que no existiera.


Nadie de la vida real es capaz de recibir la basura de una persona enferma sin terminar afectándose de alguna manera. Nadie. Anna le aguantó a Elsa su lejanía porque es un personaje de dibujo animado, y si fuera de la vida real, porque sus papás le dieron la contención emocional que necesitaba y aprendió desde niña a manejar el rechazo sin mermar su aprecio por su hermana ni su propia autoestima.

¿Se imaginan lo que es que la persona en la que más confiabas, tu referencia, tu hermana mayor, te aleje de esa manera? Ella no era como yo, que se hacía una bolita, lloraba y se autoflagelaba para castigarse: ella me devolvía la agresión con más agresión. "¿Sabes qué?, ¡MÁTATE!", fue lo que desencadenó mi primer corte en las muñecas. En ese momento pensé que tenía razón, y que de verdad quería que me muriera. En ese momento de verdad quería morir, y pensé que era posible haciéndolo así. Muchos años después me di cuenta de que no lo decía en serio, pero el daño estaba hecho. Mi mente se había encargado de recibir e interpretar esas palabras de la manera que le convenía. Ahora comprendo que ella no tenía otra forma de defenderse ante tanta hostilidad. Yo me había convertido en un demonio, era realmente incontrolable, a veces tenían que cogerme entre mi mamá y mi ex-padrastro para prácticamente exorcizarme a punta de limpiezas energéticas tipo Reiki, palo santo y música de Enya en el fondo, mientras yo me retorcía de una rabia y dolor increíbles. 15 años, no tenía idea de nada, no sabía manejar mis emociones, estaba muy enferma, atentaba contra mi vida de mil maneras... entre ellas, rechazando el amor.

Recién de adulta me di cuenta de que el amor era lo que no soportaba, porque no tenía ni un poquito en mi corazón, y cada vez que se acercaba alguien a mí con algo de amor, yo me alejaba como espíritu maligno cuando le acercas la cruz. Eso es lo que pasa cuando alguien está en medio de la oscuridad: no aguanta lo positivo. No tolera las muestras de cariño, no es capaz de entender que hay algo más allá de lo que le pasa.

Mis síntomas eran tan fuertes y evidentes que mi mamá aterrizó un poco y decidió que necesitaba ayuda psicológica. Obviamente, yo la rechazaba. Pero terminé escuchando un poco y aplacando mi ira, y así dejé algunas de mis conductas autodestructivas y volví a sonreír y ser "normal". Pero el daño estaba hecho: mi hermana lloraba por todo, gritaba, reaccionaba muy fuerte, ya no brillaba como cuando éramos niñas. No me hablaba, yo tampoco a ella, casi. Yo estaba demasiado ocupada con mi mundo interno como para mirarla.

Pasaron varios años y tantas situaciones como oportunidades para que sucedan cosas. Me gradué del colegio con honores, me pagaron el caro viaje de promoción (creo yo, por miedo a que vuelva a atentar contra mi vida si no iba), me inscribí en la universidad para estudiar medicina, fingiendo aún que yo estaba bien y que mi familia tenía la capacidad de mantenerme, con esfuerzo, ahí, porque me querían, porque lo merecía y porque era la manera de asegurarme un futuro mejor. Lo cierto es que mientras yo empezaba a tener una vida sin casi tener conciencia de lo que significaba, mi hermana, deseosa de vivir, era olvidada por mis papás. No se graduó, porque no había plata, porque me la daban a mí, para que yo esté bien. No pudo inscribirse en una universidad, porque la mía y la de mi hermano mayor eran muy caras (aquí en Perú la educación superior privada es mejor a la estatal, y "hay que ir a la universidad para ser alguien en la vida"). Se pasó un año tirada en el sofá, comiendo y viendo TV, y en vez de mirarla y preguntarle cómo estaba, yo maquinaba mi siguiente ayuno o atracón. Ella tuvo atención psicológica por poco tiempo, nunca estuve segura si lo dejó porque no le ayudaba, o porque creía que la psicóloga era mala, el caso es que se quedó en el aire, y tuvo que agarrarse de lo que podía: la cocina. Mi papá le pagó un curso de un mes de fotografía, luego se puso a trabajar en starbucks, y luego se volvió a tirar al sillón y posteriormente, a su cama, a ver tv, películas, y comer.

Desde pequeñas, yo guardaba lo que pensaba y no lo expresaba, ni siquiera sabía hablar para defenderme. Mi caparazón era blando. En cambio, el de ella estaba lleno de púas, su lengua era un cuchillo bien filudo que daba en la parte más dolorosa. Se defendía con violencia, sarcasmo, echando culpas, sintiendo pena por sí misma.

Volví al hoyo, esta vez más profundo, y me convertí en la peor versión adulta de mí misma. La agredí indirectamente con mi enfermedad. Ver consumirse a alguien que amas no es lo más sano ni divertido que puede haber. Ella callaba, sabía que no podía acercarse mucho, sólo podía mirar, llorar en silencio por mí, y, evidentemente, defenderse como sabía cuando algo pasaba. Con agresividad, con culpas, con sarcasmo. Porque no conocía otra forma. Me internaron. Ella, nuevamente, se tuvo que olvidar de lo que quería para que yo pudiera revivir. Quizás yo cedía en los pleitos para que ella ganara, pero en la vida, ella me cedió la preferencia, para que yo no me muriera por mis propias manos. Toleró lo mejor que pudo que yo me coma su comida para vomitarla al rato, toleró que desperdicie el dinero y cansara a mamá y a mi entorno con mi agujero negro, lo toleró lo mejor que pudo. Fue fuerte, no me imitó, aprendió que yo no era un buen ejemplo a seguir, decidió echarle la culpa de todo a papá, me limpió de polvo y paja. Dejó de pedir cosas para que hubiera dinero para pagar mi comida especial, medicinas y terapias. Y salí airosa. Ella sonreía, esperando que sus esfuerzos hayan valido la pena y hubiera, por fin, recuperado a su hermana, con la que reía, saltaba en la cama, le hacía cosquillas y jugaba.

Pero se equivocó.

Quien salió del internamiento, año y tres meses después, fue una Cristal completamente diferente. Ya no era un agujero negro que absorbía todo, lo convertía en oscuridad y se hacía más grande, era una hoja en blanco en la que se había comenzado a escribir una historia rara que mi hermana no entendía y en la que casi no formaba parte. Y aquí viene mi justificación: empecé a ser consciente de que las cosas estaban tan mal en mi casa, que si yo seguía sus reglas, iba a volver al hoyo. Yo pensaba que cuando saliera, mi familia también iba a estar "recuperada", que mis hermanos y mis papás iban a cambiar, a perdonar, a dejar ir lo malo, que mi tratamiento, de alguna forma mágica, iba a alcanzarles a ellos también. Pero, al igual que mi hermana, me equivoqué. Así que creé mis propias reglas del juego: decidí que, en vez de esperar sentada algo de mis papás, yo iba a conseguir las cosas por mí misma. Decidí crecer, decidí vivir, y para eso, también decidí hacer oídos sordos a los regaños casi diarios porque "no estaban de acuerdo con cómo estaba llevando mi vida", y hacerme la ciega frente a mi hermana, cada vez peor, ahora afectada físicamente por su sobrepeso, y con heridas emocionales profundas de las que nadie, ni mi mamá, se atrevió a curar porque ella es un gato arisco que rechaza toda ayuda con excusas, llantos y puertas más cerradas que las mías.

Si yo estuve mal, al menos fui el "tubo de escape" de mi familia, me prestaron atención y logré recibir y aceptar ayuda. Ella no. Ella siempre estuvo bajo mi sombra, perfil bajo, segundo puesto.
Hoy yo estoy por cumplir 29 años, siento que me falta mucho por lograr y siempre que me comparo me siento menos que el resto, pero sé que teniendo pena de mí misma no logro nada, y desde que estoy con mi novio actual, mi actitud hacia la vida es más positiva, soy más fuerte, estoy más dispuesta a crear un futuro bueno para mí, con MIS reglas del juego, porque sé que seguir las reglas de mi casa significa enfermarme.

Ella no. Ella sigue tirada en su cama, cocinando cosas que le hacen daño, viendo TV y películas todo el día, durmiendo a cualquier hora, sin estudiar, sin trabajar (porque siempre hay una excusa para que no pueda), sin hacer otra cosa que sufrir sin darse cuenta. Sus actividades consisten en ir dos veces por semana a comprar la comida, vivir en torno a lo que decide su novio, salir con él, de vez en cuando ver a sus amigos (en eso me gana, yo sigo prefiriendo la soledad), y regañar. Regañar y criticar mucho. Su agresividad ha mejorado mucho, aprendió a cuidar más sus palabras, pero cuando discutimos (que es algo muy usual) se le sale el resentimiento que me tiene. Por no haberle prestado atención. Por no haberla querido como ella necesitaba.

Mi hermana no tiene las herramientas emocionales y actitudinales que "tiene" Anna. Mi hermana se cansó, hace mucho tiempo, de tocarme la puerta para jugar con la nieve. Yo logré alejarla y convertir mi corazón en hielo para ella.

Van como 3 semanas en las que no me habla. Discutimos a principios de mes, por cosas del día a día en las que discrepamos. Somos como el agua y el aceite, cada quien en su mundo, pero mientras yo me ocupo de mí y trato de no preocuparme por los demás porque sé que me afecta y me puedo sentir tan mal que me puedo enfermar, (esa es la manera en la que aprendí a defenderme y gracias a la cual ahora soy funcional, trabajo, estudio, vivo), ella no se ocupa de sí misma y se preocupa por todos de manera casi excesiva, marcando, siguiendo y corrigiendo como una mamá, porque sabe que mamá y yo somos más vulnerables. Ella se mantiene de pie como un árbol, pero uno de corteza dura, podrida, que sangra. Un árbol al que sigo sin prestar atención.

Ya había notado que ella no me acepta. Que si fuera posible, se iría de la casa, para no tener que aguantar(me)(nos) y todo lo que estar aquí conlleva. Siendo sincera, yo también pienso igual. Mi casa no es un hogar, por eso no paso mucho tiempo aquí. Más allá de las responsabilidades, nadie es capaz de arreglar la situación. La mala comunicación es el pan de cada día, y no hay fuerza hasta ahora que haya logrado mejorarla.

Yo no soy perfecta. Soy muy perfeccionista con mis cosas pero muy descuidada con mis relaciones interpersonales. También vivo un poco en torno a mi novio porque, de alguna forma, prefiero su realidad a la mía. Soy un poco más consciente de mí misma, de lo que hago y para qué, y lucho, sí, la lucho, todos los días, para levantarme, comer, tomar mis antidepresivos y hacer mis actividades. Si por mí fuera haría lo que hace mi hermana, porque es súper cómodo y no tengo que pensar en lo que hay que hacer. Pero no puedo darme ese lujo, no me lo permito, y aquí voy, mal que bien, caminando. Metiendo la pata una y otra vez, pecando de confiada con quienes no debo, y no confiando en quienes debo, ayudando a gente de afuera y haciéndome la ciega con una de las personas que completa mi mundo: mi hermana.

Yo, Cristal, no soy capaz de ayudar a mi hermana menor. De contenerla. De estar con ella, de ser su amiga, bah, su hermana. Quisiera abrazarla cuando me provoca, pero no puedo, porque o estamos peleadas, o no soy capaz de mostrarle mi cariño. Elsa pudo abrirle su corazón a su hermana, yo no.

Mi excusa ha sido que "No puedo darle algo que no tengo", pero lo cierto es que enfrentar sus demonios es recordar a los míos y enfrentarlos de nuevo, y sólo de pensar en el drama, me canso. He simplificado mi vida lo más que he podido, y si detecto novelones, adiós, porque no son buenos para mí, que ya de por sí, soy consciente, tiendo a crear novelas por mi cuenta. Por mucho tiempo responsabilicé la forma de ver la vida y las herramientas que tiene para enfrentarla como la causa de su pesar, de su estancamiento, de su desidia. Incluso la he escuchado quejarse y responsabilizar por su estado a papá, y no la culpo (pero sé que en eso se equivoca, ella podría salir de donde está si se esforzara y aceptara ayuda). Pero hoy, luego del millonésimo enfrentamiento post pelea e intento de reconciliación, me di cuenta de algo más: algo que yo no he querido ver, porque me duele demasiado.

Yo también tengo responsabilidad de su estado.

Me advirtieron en mi tratamiento que iba a haber resistencia por parte de mi familia a mi cambio, que iba a ser difícil; me enseñaron que pensar en una misma y su bienestar no es ser egoísta, sino inteligente y una muestra de amor propio; me dijeron que mi familia iba a pensar que soy una egocéntrica... lo sé, lo experimento todo el tiempo, sé que no les gusta del todo las decisiones que tomo o las cosas que hago o digo. Mi mamá me comprende más, porque me ve bien. Mi hermano no vive con nosotras desde hace años, así que no la sufre tanto. Mi hermana, en cambio, me ve como un ser sumamente desconsiderado, irresponsable y aprovechado. Evidentemente, lo soy, porque ella se preocupa demasiado por los demás y comprendo su punto de vista porque también pensaba así del resto (y sufría porque no me trataban como yo quería que me traten). Pero no me había dado cuenta de que actuar como lo hago ahora también iba a afectar negativamente a mi hermana. Porque no estuve, y cuando estuve, no fui suficiente. Porque, sin querer pues estaba enferma, la anulé, la alejé; porque contadas veces la agredí verbal o físicamente, pero innumerables veces mis acciones y actitudes le atravesaron el corazón. Y ahora, que soy funcional y no estoy sintomática, no soy capaz de ayudarla, y lo que hago por mi bien le hace daño a ella.

Mi hermana está mal por mi culpa. No sólo porque mi papá la dejó a la deriva y mamá no fue capaz de enfrentarla, ponerle límites y darle órdenes. También porque yo no fui capaz de estar ahí para ella, la expuse a mi violencia hacia mí misma, la defraudé como hermana mayor al punto de que ella tomó ese rol, le hice experimentar el rechazo al máximo, como si ella tuviera lepra o hubiera algo malo innato dentro de sí, hice que vea las cosas más terribles que puede ver alguien que ama a otro, y ahora, cuando intento estar con ella o acercarme, no puedo. No lo hago. No he aprendido. No soy capaz de pedir disculpas por protegerme a mí misma de su negatividad, eso sería echarle la culpa de algo en lo que no la tiene. Ella no tiene la culpa de ser como es. Ella no conoce otra manera de enfrentar la vida, ella hace lo mejor que puede, y yo no he ayudado en nada para que mejore. Al contrario.

Mi amor propio, mi mecanismo de defensa, hace que no pueda pasar mucho tiempo con ella, en parte porque es muy intensa para mí, y en parte porque estoy ocupada o prefiero dormir, estar sola o ver a mi novio que conversar con ella. Soy parecida con mi mamá, pero se me hace más fácil acercarme, y estoy trabajando el comunicarme mejor con ella y demostrarle que me importa. Pero con mi hermana, se me hace muy difícil. No le tengo confianza para contarle mis cosas, porque le afectan demasiado y reacciona mal, pero esta forma de "protegerla" le molesta y le refuerza su creencia de que no me importa. Mi hermana tiene serias dificultades para perdonar, dejar ir, pasar la página. ¡Ella puede ser a veces tan drástica! Por ejemplo: si alguien me hace daño, ella se molesta con esa persona al extremo. Es tan radical que es capaz de no dirigir la palabra, eso ha pasado con mi ex, que era su amigo, hasta que se decepcionó de él por algunas actitudes suyas hacia mí. ¿Cómo, entonces, le puedo confiar cuando me molesto con mi novio actual? ¿Para que lo trate feo, así esté yo en el medio? ¿O para andar recordándome eventos tristes luego de que pasaron meses y yo ya había pasado la página? No, gracias. Prefiero que no se entere. Sin embargo, ocultándole información termino haciendo que se resienta conmigo, y que no me cuente sus cosas. "Porque yo no le cuento las mías". Y así se ha creado un círculo vicioso de desconfianza, agresión pasiva, y soledad tan fuerte que la mantiene encerrada en su cuarto.

¿Cómo haces para acercarte a alguien a quien amas mucho pero no quiere saber de tí? Con mi papá y con ex fue mucho más fácil: simplemente reaprender a vivir sin ellos. No hablar, no vernos, el tiempo hace lo suyo, ya está. En cambio, mi hermana duerme en el cuarto contiguo, compartimos el baño, algunas responsabilidades, y escucho sus movimientos.

Ahora no sé qué hacer, porque ocupándome de mí y autoconvenciéndome de que yo no tengo responsabilidad ha aumentado sus síntomas. Podría, de nuevo, deprimirme y hacerme daño por la culpa, porque no conozco otra manera de enfrentar las cosas. Y es que mi mente maquiavélica me hace pensar que, tal vez, si yo me pongo mal, es decir, si me esfuerzo por llamar su atención, pueda usar mi salud y bienestar como herramienta de chantaje para obligarla a hacer terapia. "Porque ella me hace daño".

Esta es una de las cosas más enfermizas que he pensado. Estar mal para conseguir algo es una táctica que ya utilicé, inconscientemente, y casi me mata. Estoy molesta conmigo misma, pero debo ser razonable. No lo niego, aún me pasan por la cabeza cosas así cuando mis emociones están desbocadas, pero mi sentido común, felizmente aprendido, y los benditos antidepresivos que contienen mis impulsos autodestructivos, me mantienen cuerda. No lo voy a hacer. Manejarla con la culpa... bien inteligente de mi parte hacerle sentirse peor, y encima, usar los mismos recursos que ella usa. Me estabiliza saber que si me pongo mal, no será porque quiero que ella me note y haga algo, sino porque REALMENTE me afecta que sufra, me afecta que no disfrute de la vida, me afecta tener esta relación tan mala con ella, me afecta no poder acercarme, me afecta ser una completa extraña, y me afecta que no puedo hacer nada.

Bueno, no es verdad, sólo hay una cosa que puedo hacer: esperar a que ocurra un milagro y la vida se encargue de enseñarle. Como me pasó a mí, que ella tuvo que observar cómo me hacía daño hasta que algo desencadenó mi redención. Sólo que yo no aguanto. Como hermana mayor, no quiero que tenga que sufrir más para aprender, porque ya no quiero verla mal, ya no quiero discutir con ella... ya no quiero tener que pasarla por alto para no sufrir y así hacerla sufrir más.

Me he pasado 3 horas escribiendo y corrigiendo esto, en vez de leer para mi tesis. Por eso ya no escribo, porque gasto demasiado tiempo en expresar cosas que me va mejor diciendo en persona, porque me ayuda más el soporte presencial que el feedback del aire. Porque, lo peor es, nadie se va a tirar media hora leyendo esto.

martes, 18 de abril de 2017

Abstracto


1:46 am.

Mañana tengo clases a las 7 de la mañana. Debería dormirme para despertarme a las 6:30 y bicicletear hasta allá. Debería haber leído el libro sobre la relación de la violencia en los medios de comunicación y el desarrollo en los niños para avanzar mi tesis. Qué va, debería estar avanzando mi tesis en estos momentos.

Pero escribo.

Hace mucho tiempo no siento tanta ansiedad. Hasta se me ha soltado el estómago (a todos les pasa, no me vengan con ascos). ¿Qué pasa mañana, qué es tan importante? Nada.

Nada, en realidad.

Tomé mi dosis condicional de ansiolítico porque ya la cosa está afectándome. ¿Será que tomé mucho mate?


No tengo idea. Lo único que sé es que, después de meses de meses de no tener inspiración, ésta me corre por las venas, llega a mis dedos, y no tengo ganas de otra cosa que escribir. Y escribir, y escribir, y pensar, y escribir. Siento el flujo de las palabras dentro de mí como una ola que me lleva, sin que yo pueda hacer mucho, hasta este pequeño rincón en la web, en el que por tanto tiempo dejé mi huella mental y por tanto tiempo abandoné.

¿Mis razones? Suficientes como para hacerlo. La vida real me consume, y no tengo tiempo para pensar demasiado y escribir cosas que no quiero que lean. He vuelto a mi yo reservado y natural, coherente con mi personalidad, y me gusta. Sólo que a veces, a veces, nace el impulso escritor, como motivado por una descarga eléctrica que me hace temblar todo el cuerpo, y la única manera de calmar mi mente procrastinadora es ésta: escribiendo.

No quiero contar nada en especial, es lo chistoso. No tengo ganas de poner al día a nadie, porque la gente a la que realmente le importo está a mi alrededor, o me contacta por escrito, no me busca por aquí. No tengo ganas de anunciarle nada al mundo porque he reaprendido a ser perfil bajo, escojo que no me conozcan porque me basta con que me conozcan las pocas personas que me conocen bien, inclulyéndome a mí misma, y eso me gusta, me siento contenida, estable, madura. No tengo un mensaje específico que lanzar por el internet, algo que solía tratar de emitir, como un escrito dentro de una botella, inmaculado hasta que alguien lo encuentre y lo lea (quien deba hacerlo), porque en realidad no soy quien para dar consejos ni lecciones ni inspirar ni nada. Me basta y me sobra con mi vida.

Sólo quiero expresarme. Deshacerme de esta ansiedad que me tiembla en el pecho y no me deja concentrarme.

Hoy ha sido un día movido, por eso estoy movida, por eso no atino a hacer lo que debo. Últimamente he tenido noticia de varias personas con TCA, y eso me tiene preocupada. Por qué no aceptarlo, sí, estoy preocupada. Incluso mantuve una conversación bonita e interesante con una compañera que me confesó que había tenido bulimia y yo le confesé que había tenido anorexia y resultó ser lindo conectar en ese nivel con alguien porque te sientes comprendida. Pero no puedo evitar estar movida.

Porque recordar es volver a vivir.

Por mi mente pasan muchas frases, situaciones, proyectos... Sí, ya sé pensar hacia futuro, me aburre pensar en lo que ya viví porque es repetido. Me pica en mi conciencia la idea de escribir sobre lo que sé. ¿Quién soy yo para dar consejos, por un lado? Sé mucho de muchas cosas pero no soy experta en nada. ¿Qué gano confesándome ante la sociedad? En realidad, me victimizaría, y desde que aprendí a dejar de lado el drama, lo juro, no es una idea que me parezca atractiva. Por eso ya no escribo por aquí: no quiero más drama. No quiero recordar/volver a vivir, tengo suficiente con mi presente (influenciado por el pasado, no puedo negar que hay cosas que siguen ahí), no quiero que me conozcan por esto. Quiero, en cambio, ser reconocida por mis logros, por lo bueno que puedo aportar. Entonces, ¿Es bueno escribir sobre lo que experimenté y cómo lo vengo manejando tan bien durante tanto tiempo? ¿Aporta a la sociedad? ¿Sería inmolarme como una heroína el escribir sobre la anorexia y bulimia y conseguir cierto reconocimiento morboso? ¿Lo haría por los demás?

No estoy tan segura. Ya no quiero dedicarme a salvar vidas porque tengo suficiente manteniendo la mía a salvo. No tengo fuerzas para ser el paño de lágrimas de nadie, me cansa, me debilita, me genera ansiedad, me devuelve a esas épocas y me distrae de mis metas, que tanto me costó adquirir. Pero una parte de mí quiere escribir, quiere expresarse, porque sabe que soy buena en eso, y sabe que tengo un mensaje importante que decir. Porque sabe que tiene potencial para ayudar a otros. Porque, no como salvación de los demás, sino como acto de redención de mí misma, el publicar mis pensamientos puede servir como aporte a la sociedad y terapia de autorreconocimiento de todo lo que he logrado, no de cuánto he fallado.

Mi vida es genial. Estoy feliz donde estoy, haciendo lo que hago. Hay personas que echo de menos, pero de las que he aprendido a vivir lejos sin que eso me lastime. Hay personas que amo con locura, más de lo que pensé que amaría, y otras de las que me alejé más de lo que creí posible alguna vez. Me conozco cada vez mejor, y cada día se me hace más fácil boicotear mis autoboicots. Porque los tengo, sí: hoy no quise cenar, estoy gordita para mis estándares, me llega tener rollos y grasa en la papada, brazos, panza, caderas, piernas... Pero caray, estoy con una gastritis tan fea que si no como, me muero de dolor. Si tengo dolor, o si estoy débil o triste, no funciono. Si no funciono, no alcanzo mis objetivos. Algo hay que digerir. Me he convertido en una guerrera 24/7 y me enorgullezco de mí misma por no dejarme consumir por el drama. Me afectan menos los problemas cotidianos, me preocupo más por solucionar que por analizar. He cambiado para bien. Me siento libre, tranquila la mayoría del tiempo. Siempre pensando que no soy la gran cosa, pero eso no va a cambiar nunca. Me conformo, y me siento feliz, siendo una hormiga más de la colmena, que puede dejar huella a su alrededor, pero que no es más que nadie.

¿Por qué escribir? Porque me gusta. Me causa placer (aunque el teclado de esta computadora no me gusta tanto). Porque es parte de mí, porque es algo que había olvidado hacer (aunque sigo siendo "La alumna que tiene problemas de síntesis").

No puedo proyectarme aún a largo plazo, y eso está bien. Simplemente no soy así. Estoy cerca de terminar mi carrera, todo un hito en mi vida, porque la anterior la dejé a la mitad, y esta me ha ayudado a crecer inconmensurablemente. A veces me pongo a pensar qué haré una vez que ya no me tenga que matricular y más bien buscar trabajo... ¿Oficina? No, por favor. ¿Agencia? Dios me libre, no puedo estar bien viviendo bajo mucho estrés. ¿Seguir con los shows? Letanías necesarias, de momento, para subsistir. ¿Negocio propio? El año pasado creía más en mi idea que ahora, que veo de forma más realista que mis productos valen más de lo que alguien puede pagar y no son necesarios. ¿Qué rayos haré cuando termine mi carrera? No quiero volver a vender mi tiempo por dinero que no lo vale haciendo cosas que no me ayudan, esa lección la estoy terminando de aprender. No quiero volver a faltar a mis ideales y no quiero aportar a mantener el mundo como está, aletargado, inconsciente. Tendría que ser mi propia jefa y producir, ¿pero qué?

Por eso, al menos en las últimas horas, se ha vuelto tan satisfactoria e interesante la idea de escribir. Ser yo misma. Porque sé que tengo mucho para dar, el problema es que no sé por dónde enfocarlo. Tengo muchas herramientas nuevas para vivir mejor. Cómo he cambiado, cómo he crecido.

Deberían pagarnos por vivir y por tener el potencial de cambiar el mundo, caray. Así conseguir las cosas necesarias para subsistir no sería tan difícil y no habría tanta desigualdad.

2:16 am. Me siento más liberada. Espero sea suficiente para poder avanzar mi tesis.

Gracias, pequeño espacio en el internet, por soportar (de ser soporte, de contener) mis manifestaciones.

martes, 30 de agosto de 2016

Carta a mi hermana menor

Querida pequeña grandota:

Fue inevitable para mí alarmarme cuando escuché que alguien lloraba. Sé que mamá entró y salió como si fuera algo normal. Sé que tu novio estaba contigo, y por un momento pensé que se estaban peleando en serio por algo de pareja. Me temí lo peor, te soy sincera. Y quizás motivada por eso, y porque en el fondo de mi aparente inmutabilidad, me importas (y porque nuestros cuartos están comunicados por el baño, válgame Dios, no hay mucha privacidad), escuché un poco lo que te decía él. Me calmó saber que no te estaba buscando pleito, sino tratando de animar. Aunque te soy sincera, no entendí el 50% de lo que dijo porque habla muy rápido y las paredes enchapadas en oro no permiten que el sonido traspase bien. 

Por ese atrevimiento mío de meterme en lo que se supone que no es mi asunto (sorry, soy una pesada que escucha conversaciones ajenas), me atrevo a escribirte esta, espero, pequeña carta. 

Me bastó escuchar a tu novio diciendo "esa persona ya no está y probablemente ni le importa, y mientras tanto ustedes sufren por su ausencia cuando su vida podría ser mil veces mejor" para entender a qué se refería. Por un momento pensé que se trataba de nuestro ex padrastro, pero no. Sé que se refería a papá. A la lucha de mamá. A la carencia en todo sentido en la que vivimos. Entiendo tu frustración y tu rabia, porque yo también la he sentido y no te mentiré, aún la siento a veces. Sé que somos demasiado diferentes, y parte de esa diferencia está en que yo sí tuve ayuda para aprender a canalizar esa impotencia hacia algo positivo, y tú aún no, pero hermana, somos más parecidas de lo que crees. Soy consciente de que estás en aparente desventaja y que, de los tres, eres a la que más esquirlas le ha caído. Sin embargo, quiero recordarte que eres fuerte. Siempre lo fuiste. Quizás hasta más fuerte que yo, porque no caíste de la misma manera. Pero quiero que de una buena vez entre a tu cabeza el mensaje que tu novio (y en esta oportunidad, yo) queremos que entiendas. Porque, partiendo de que no somos tan diferentes como piensas, puedo decirte que si Pequeño Hombre y yo lo estamos logrando, tú también puedes.

Sé que he sido orgullosa y no he querido/podido compartir mis penas contigo. Primero porque estaba demasiado enferma, casi en la locura, y no aguantaba nada (y creo que ya lo hemos hablado y espero que hayas comprendido que esa no era yo). Y luego porque "cambié", según uds para mal, según mi punto de vista, para bien. Y quiero que entiendas mis actitudes no para justificarme, sino para que veas las cosas que hay que hacer para poder levantarse. 

Yo no soy el mejor ejemplo de comportamiento. Lo sabes. Lo sé. Yo estoy aprendiendo también, estoy tratando de acomodarme a la vida y estoy luchando por mantenerme bien. Sé que no lo compartes, pero ese mantenerme bien implica no estar en casa, porque sabes la carga que hay y la falta de espacio familiar que, si bien da cierta independencia, no ayuda a crear un ambiente de soporte y más bien, es todo lo contrario. No te voy a decir que no paro en la casa a propósito porque es más bien una costumbre desde la época que no tenía dormitorio y porque paro haciendo mil cosas para poder ser autosuficiente, pero sí, una parte inconsciente de mí escapa de todo lo que puede porque no aguanta el drama y los problemas repetitivos. 

A eso voy.

Hermana, vivimos en una misma situación hace más de 16 años. Las cosas se siguen repitiendo. Papá sigue apelando en el juzgado, no compareciendo en las citaciones, coimeando a diestra y siniestra para que no lo sentencien y mientras tanto, haciendo su vida "feliz y despreocupadamente" con su nueva familia. Con esas personas que también fueron nuestra familia. Seguir llorando porque nada cambia no hará que las cosas cambien. Seguir aferradas a que algún día pagará los miles de dólares que debió pagarnos en alimentación, estudios y casa es seguir siendo niñas indefensas. Y ya no lo somos. Si mamá quiere seguir dependiendo de papá para poder salir adelante, es problema de ella y nosotras no podemos hacer nada por ayudarla más que salir adelante por nuestra cuenta. Sabes que no la tenemos del todo, y eso tampoco debe ser una desventaja en la vida. 

Hermana, tienes 26 años. Tu cara sigue siendo de bebe, pero tú ya no lo eres. Y si sufres, es porque sigues aferrada al dolor, al miedo, al pasado, a la incertidumbre, a una concepción negativa de la realidad y a papá y una familia carente. Me incluyo. Te hice mucho daño y no sabes cómo quisiera haber sido capaz de abrazarte en vez de limpiar las cosas que tocabas para no sentirte ahí, o pedirte que disminuyeras el volumen en vez de callarte a gritos. Aunque no lo creas, me siento muy culpable de tu estado actual, porque sé de tus sacrificios para que yo esté bien. Todos en esta casa hemos hecho cosas por el otro, a veces haciendo cosas extremas y no muy positivas, pero que eran lo único que creíamos que podíamos hacer porque, caray, ¡la vida nos tocó tan difícil...! Pero eso no tiene que significar que esos sacrificios y obligaciones de mantenernos en el status quo deben seguir.

Hermana bella, quizás a tí te hayan parecido cambios negativos porque empecé a responderte, a enfrentarte a tí y a mamá, pero ¿sabes qué? esos cambios han sido el impulso para que o pueda empezar a volar. Sin ellos, yo estaría muerta, y tú lo sabes, porque has tenido que ver cómo me hacía daño a mí misma innumerables veces y eso no se lo deseo a nadie. Eres fuerte y valiente por haber permanecido a mi lado a pesar de todo eso, y por esta razón es que te considero mi amiga y con la autoridad moral para decirte lo que te digo. ¿Sabes cuándo empecé a cambiar? Cuando, luego de sentirme un conejillo de indias en el internado, pensando que lo que querían era convertirme en un robot que le diera gusto a los doctores, empecé a pensar "¿qué tal si ellos tienen razón y yo estoy equivocada?". Y así, poco a poco, la información entró a mi cabeza y entendí que por más amor que haya en la familia, todos necesitamos despegar porque en conjunto estamos enfermos. Y no sólo por papá, sino porque todos somos HUMANOS y tenemos características que crean conflicto y maneras de enfrentar y solucionar que no son las mejores. 

Hermana linda, quiero que sepas que para mí no es fácil enfrentarte. Siempre que te hablo existe temor a que me regañes. Vivo con miedo, no sólo de ti: de todo el mundo. Aún con pastillas se me hace muy difícil levantarme de mi cama para hacer mis cosas, y hay días en que sólo lloro, como, duermo y deseo desaparecer. Pero gracias a que enfermé, y te hice daño, y me hice daño, y caí hasta el fondo, me di cuenta de que tenía más opciones que quedarme en mi zona de confort oscurita y cálida de la que nadie me podía sacar, y para lograrlo, debía poner de mi parte y dejarme ayudar. 

Hermana querida, hay más vida después de hoy. Depende de o que tú decidas hacer. El dinero se consigue, y lo sabes. Tienes avales que te adoran y mueren por verte surgir. Si te enfocas en lo que tienes y no en lo que no, podrías hacer magia. Papá no te hace daño ya, porque él no está. Yo trato de no hacerte daño, pero es imposible porque vivimos en la misma casa y chocamos y en fin, pero eso puede cambiar si ambas nos ponemos las pilas (Me encanta que ahora hablemos más y compartamos pequeños detalles del día a día. Para mí es mil veces mejor que hacer como si no estuvieras porque eso me mata). Y sobre mamá, ella no va a cambiar por más que nosotras queramos que lo haga. Lo que podemos hacer es cambiar nosotras y CONSTRUIR lo que queremos para nuestra vida. Ese es el milagro, la otra opción, la parte buena de todo esto: hemos pasado hambre, frío, sueño, sed, falta de amor, falta de soporte, falta de compañía, falta de recursos, falta de TODO PARA aprender que así no puede ser nuestra vida de ahora en adelante. Y eso es lo que yo estoy tratando de hacer. 

Sé que no soy el mejor ejemplo de comportamiento (sé que debo avisar cuando no voy a ir a casa a dormir y limpiar un poco más seguido, y apuntar más las cosas, y dejar de dar por sentado y llamarte a preguntar), pero quiero que entiendas que las cosas que hago son porque quiero volar y construir una vida para mí, la mejor que pueda, con las experiencias que tengo, porque gracias al pasado sé qué no debo permitir que me suceda y por qué cosas es que tengo que luchar. Yo tenía planes para mí, y a esta edad, según ellos, mi vida debería haber sido otra... Pero la realidad no siempre puede ser la que una espera y desea, y llorar porque no se cumplieron nuestras expectativas y quedarnos amarradas a ellas implica no avanzar. Y si no avanzamos con la vida, caemos. Como en ese juego en el que nos metíamos de niñas, que era como un cono que giraba y una por dentro, si paraba de correr, se caía. Así, igualito. Si no te paras, el mundo va a seguir atropellándote. Si no te pides prestado, no vas a salir de tu cuarto. Si no triunfas, no vas a poder devolver los favores. Estás en la obligación moral de triunfar para agradecer todo lo que se hizo por tí, y no por sacrificio, sino porque te amamos y queremos darte lo que tenemos, que suele ser poco, porque queremos verte bien.

Acepta lo que se te ofrece. Busca y pide ayuda. Eres fuerte, pero vulnerable, y felizmente esa vulnerabilidad se aprende a manejar. Yo no creo que quieras pasarte el resto de tu vida llorando y lamentándote porque no puedes hacer las cosas que quieres porque falta plata y recursos. No, hermana: tú los puedes conseguir. Tú puedes ser la que tú deseas ser. Tú puedes conseguir todo lo que te propongas, sólo debes creer que la vida, si bien te quitó en un principio, no fue por mala o cruel, sino porque es su forma de enseñarte que el Plan Z es tan bueno como el Plan A, y que puedes ser feliz con lo que sí tienes, sólo si tú te lo propones. 

Confía. Perdona. Deja ir. Camina, pasito a pasito. Planifica. Busca. Vas a ver que cosas muy buenas van a llegar a tí si te pones manos a la obra.

Estoy orgullosa de que estés empujando el proyecto. Estoy segura de que eres capaz de mucho más.

Olvida a quienes decidieron no estar. La vida se encargará de ellos. Perdona, deja ir a papá, y trabaja por tí, para tí, para la vida que quieres formar con tu familia propia, con tus sueños, y deja que la justicia llegue en el momento que deba llegar. Yo no le guardo rencor a a papá pero sí quiero que se haga justicia con nosotros y seguiré firmando sólo por eso. Y seguiré manteniéndome al margen de los problemas para que mi depresión no me chanque.

Te adoro, gigante vikinga, compañera de juegos, hermana pequeña. Cuenta conmigo, déjame ser tu hermana mayor de vez en cuando y déjame aconsejarte en estas cosas. 

viernes, 29 de abril de 2016

Control y dolor


Y bueno. Pasan los días, los meses y años, y una sigue aquí. Igual que siempre. Con cambios mínimos que te hacen pensar si realmente estás creciendo, y a la vez tantos sucesos que te comparas con tu yo de hace 2 años y te preguntas qué rayos hacías pensando de esa manera.

Yo sigo igual de responsable que en el colegio, haciendo mis tareas con ahínco y madrugándome para sacar las mejores notas, pero igual también que cuando estaba en la universidad, incapaz de concentrarme en mis tareas y resolver cuestionarios sobre los receptores acetilcolínicos, y escribiendo en mi blog en vez de eso.

Supongo que mi mente funciona por prioridades, como la de todos, y mi prioridad ahorita, por alguna razón, es escribir esta entrada en vez de redactar la editorial de mi revista. Nada profesional o que vaya a salir a circulación, lo que pasa es que Srta. controladora fue designada como directora del trabajo final de un curso del instituto (hacer una revista con todas las de la ley), gracias a sus buenos aportes y división de tareas en trabajos anteriores con el mismo grupo. Suele pasar. Es chistoso porque el ciclo pasado, la misma Srta. controladora se salió de control y se convirtió en una tirana que defendía sus ideas a capa, espada y estocadas, y ahora, de pronto, soy una buena líder. Ojalá sea que aprendí la lección y estoy realmente aprendiendo a controlar mi carácter.

¿Por qué todo se trata de control?

No es que esté fuera de mí, para nada, pero de hecho, ni sé por qué estoy escribiendo. Considero que escribir aquí es innecesario a menos que tenga algo interesante o importante que decir, y me he "portado bien" no visitando este sitio en meses porque "mi to-write list" estaba vacía. El mensaje de una persona que no debería pero que fue influyente fue "ten claro lo que quieres escribir" (Espero no haberlo malinterpretado), y en el fondo es muy cierto, me la he pasado escribiendo tonterías sentimentales que poca gente lee y a mucho menos les interesa... ¡pero pasados tantos años de iniciar este viaje literario, sigo sintiendo ganas de volcarme en un papel digital! ¿Estaré fuera de control o simplemente esa soy yo y, como dice mi novio, "escribir es parte de tu esencia, no lo dejes", y no debería alejarme de ello sólo porque aún no tengo un tema bien definido?


Bueno. Volviendo a lo concreto, que es lo que me trae por aquí: quizás me haría bien un pequeño desfogue para que las letras que estoy buscando fluyan por mi cabeza y pueda, por fin, escribir la editorial y la columna de opinión sobre mi revista para mujeres. Algo sobre las "necesidades de la mujer de hoy, que no se contenta con recibir tips de belleza y que busca sentirse bien no sólo físicamente",y quizás una columna de opinión sobre, no sé, la moda del hueco entre los muslos (¡oh, esas épocas!), o la ortorexia, o quizás el acoso callejero. Retomando la idea principal, creo que estas semanas han sido muy intensas para mí y quizás sea correcto desahogarme un poco, ya que aún no me basta la ayuda que he recibido.

Estoy sumamente susceptible. ¿Recuerdan (Quienes sea que me leen) que en el post anterior conté que estaba sin antidepresivos? Bueno, su ausencia ya empezó a hacer efecto. No es algo terrible, como para decir que me voy a caer en un pozo sin fondo, que estoy tan mal que sin mis pepas me escondo debajo de mi escritorio, abrazo mis rodillas y me muevo hacia adelante y atrás, o que voy a atentar contra mi vida... Pero las cosas me han estado afectando lo suficientemente como para realmente considerar que tengo un desbalance químico que requiere una conversación con un psiquiatra y, de preferencia, volver a medicarme. Ya saqué una cita para la próxima semana, a ver qué tal me va.

Felizmente el asunto de los antidepresivos no me parece denigrante, ni vergonzoso, ni tabú, y no creo que deba sentirme inferior a nadie por necesitar tomarlos: podríamos decir que la genética, la falta de alimentos de calidad durante muchos años, mi carácter y las sinfín de situaciones difíciles han hecho que esta ayudita sea muy necesaria. Ni modo, así me tocó. Felizmente no estoy escribiendo esto hace unos días, sino hoy, que me siento "satisfecha" con mi presente inmediato, pero si me hubiera saltado la vena literaria el domingo, por ejemplo, este habría sido un solo de tristezas y lamentos. Que mi familia no me quiere, que soy una carga, que estoy gorda, fea y llena de granos, que soy un fiasco, que no tengo talento ni futuro, que tengo miedo de todo, blahblahblah. Eso es lo que pasa sin las benditas pastillas: la luz mental se va, y como una se queda medio a oscuras, ve sólo lo más cercano, lo más fácil, lo que ha visto con más frecuencia por mucho tiempo; las emociones se ponen más a flor de piel, el fastidio se convierte en ira, la pena en tristeza profunda, la alegría se hace más difícil de alcanzar (Aunque no es imposible, pero es fugaz), la duda se convierte en indecisión, y predomina un estado pensativo pero aletargado, como una sensación de estar flotando en el aire y no saber qué camino tomar. Y si, regularmente y con ayuda de pastillas, ese es el estado normal, pues ya se imaginarán: ahora todo lo negativo está aumentado. El abanico de posibilidades de acción se reduce porque el cerebro no piensa con la misma claridad y rapidez, y las decisiones tomadas son más impulsivas, irracionales y tirando para lo triste y derrotista.

Siempre me ha costado tomar decisiones. Es una de las cosas más simples de la vida, pero para mí puede ser un verdadero dolor de cabeza, desde escoger el color de ropa interior que voy a usar o qué tenedor coger, hasta el bendito tema del propósito en la vida. En algún momento ha sido sobre la pareja, en otros momentos ha sido sobre estudios, y últimamente es sobre el ámbito laboral. Aún no me encuentro donde quisiera estar a mi edad, no logro lo que quisiera lograr y veo tantas posibilidades ante mí que no sé por dónde empezar o cuál es la más adecuada, y tomo mi postura usual de evasión para no tener que decidir nada hasta estar completamente segura de algo. Lo cual es imposible, porque yo nunca estoy segura al 100% de nada. De eso sí estoy segura. Bueno, no del todo.

FELIZMENTE, y dentro de lo mal que he estado estas semanas, estoy más positiva de lo que podría estar, y sé que todo va a estar bien. Además, sé que he tenido buenos avances, no todo es negro. He madurado mucho, me estoy haciendo cargo de mí misma en muchísimos sentidos que antes no lograba y estoy en buen camino: tengo proyectos que jamás pensé que tendría, y que me motivan. El asunto es que me bloqueo en ese tramo que hay entre el "pensar y planificar" y el "concretar". Que el dinero, que la flojera, no sé: simplemente me quedo inmóvil. Y creo que de eso se trata ahora mi problema, la inmovilidad, el mantener el status quo, la dificultad para invertir tiempo en plasmar mis ideas porque es más fácil colgarme del internet y dormir.

Bueno. ¿Qué rayos me ha estado pasando para deprimirme?

¿Aparte de sucesos simples, cotidianos y repetitivos del día a día en mis relaciones interpesonales y logros-caídas en mis distintas actividades, que por lo mismo que son repetitivas y vacuas, no vale la pena mencionar? ¿Aparte de no tomar los anti depresivos y, por ende, recaer en la depresión, creo yo, orgánica y antigua que tengo?

Pues que he estado enferma. No es un "he estado tan enferma que he tenido que hacer mi testamento y dejarle mis esmaltes de uñas a mi hermana", es más un "he estado tan mal que no he podido hacer absolutamente nada". Siempre he tenido dolores de espalda, de eso nadie está libre, y más cuando hace mil cosas a la vez y tiene mala postura. A todos nos pasa. Pero en esta ocasión, a mi cuerpo le dio el berrinche y me tumbó. Desde febrero me fastidiaba pero no le di la suficiente importancia. Hubieron momentos en que me decía "bueno, me haré un tiempo mañana y me iré a que unos cieguitos me masajeen la espalda hasta ver la luz", pero lo fui postergando porque me daba nosequé gastar mis 50 soles en masajes cuando mejor era usarlos en otras cosas como comida, o transporte, o lo que sea que de hecho era más importante (qué raro, ¿no?). Hasta que un buen día me vino de pronto un dolor tan intenso que me quitó la respiración. No podía ni hablar, ni moverme, y me llevaron a la emergencia. 6 horas y 2 vías después (con dos medicamentos para dormir a un caballo cada uno), y la cosa no pasaba. Me fui a mi casa, avisé que no iba a hacer shows en todo el fin de semana, me dieron un descanso médico, y mes y medio después la cosa sigue. El diagnóstico del traumatólogo que me vio la segunda vez que fui a emergencias por el dolor fue "contracturas en toda la espalda". Yo pensé que tenía cáncer y que estaba en fase terminal, porque ni con el tramadol me pasaba. Peor aún, se abrió la posibilidad de que sea fibromialgia, cosa que algunos no han descartado, incluyendo mi lado pesimista. Un punto más para mi historial de locura (no estoy loca, debo dejar de tratarme así).

"¡Pero las contracturas se pasan con masajes descontracturantes y listo!", diría cualquiera. Bueno, pues quizás sí, en el resto de gente normal que tiene una piedrita en el omóplato o el hombro y que le pasa con unas tres sesiones. Pero yo, para variar, quiero salirme de lo ordinario, y no sé cómo rayos pero mi cuerpo se las arregló para que mi contractura fuera desde la base del cráneo, pasara por toda mi espalda y se irradiara por hombros, omóplatos, incluso costillas, y termine en la cintura, impidiéndome caminar más de 3 minutos sin sentir que me quemaba la espalda, o estar sentada más de 5 sin que me dieran náuseas por la intensidad del dolor. Que por cierto, para que se hagan una idea: los primeros 5 días era como si me hubieran atravezado debajo del omóplato izquierdo con una lanza y me estuviera aplastando una pared, sin dejar pasar ni un minuto de dolor, ni aún durmiendo. Los siguientes 10 días han sido como si me hubieran agarrado entre 5 personas a patadas y mi espalda estuviera en carne viva; luego de eso, recién, han sido dolores "comunes" de espalda, de esos que te dan al final de un día largo de trabajo, sólo que por cosas pequeñas como girar el cuello, o la cintura, o caminar a la cocina, o ir al baño. Ya con pausas de dolor, pero sumamente intenso, al punto de las náuseas y los escalofríos. He estado con analgésicos opioides, no opioides, relajantes musculares, compresas frías y calientes, cremas, electricidad, magnetoteraía, ultrasonido, y, dada la cercanía de mi familia a la medicina alternativa, he probado acupuntura, homeopatía, camas masajeantes con piedras de jade calientes, mentalización, y hasta limpias con chamanes porque se ha barajado la posibilidad de la brujería (escéptica yo, aún así lo considero, en esta viña del señor todo es posible y hay gente enferma que es capaz de tomar muy malas y egoístas decisiones para hacerle daño a otros)... Y nada, hasta hace muy poco, el dolor ha seguido siendo imposibilitante. Han sido semanas insufribles en las que he estado tirada en mi cama, incómoda en cualquier posición, sin poder siquiera sentarme para comer, y lo peor, con muy poca ayuda. Si no hubiera sido por mi enamorado, que ha suplido mis responsabilidades en mi casa y me ha cuidado día y noche, llevado de un lado a otro y demás, aún seguiría postrada sin poder moverme.

"¿Pero por qué te dio eso?"

Señoras y señores, la palabra mágica y clave del siglo: ESTRÉS. Emocional, mental, físico, de todo un poco. Pero estrés al fin y al cabo. Mi explicación es que el año pasado no le di descanso a mi cuerpo, me desviví por complacer en mi chamba y en mi casa, guardé mucho rencor por injusticias y cosas que suceden con las que yo no estoy de acuerdo pero que escapan de mis manos, me hice mucho hígado (hasta me han salido canas), y no descansé, y no me cuidé, y aprovechando el mínimo descuido, mi cuerpo se desquitó, me dijo "bueno, si no quieres hacerle caso a tus emociones, vas a tener que hacerme caso a mí", y voilá, Cris tronchada.


Consecuencias: Estoy en fase de rehabilitación (aún con rigidez y dolor, no sé qué rayos hago con mis músculos pero me vuelve el dolor, sobre todo cuando me exijo mucho o estoy mucho rato sentada escribiendo en la compu... como ahora :P), aún no produzco dinero, he vuelto a estar endeudada y me gasté los ahorros que tenía para un proyecto que tengo del que no hablaré aún... pero estoy tratando de hacerme más caso, de tomar conciencia de mi vida (porque esto no ha sido casualidad) de manejar mejor mis emociones, de canalizar mejor mi ira y mi enojo, de decir las cosas que me molestan y de cambiar las que puedo para tener una mejor calidad de vida.

Felizmente ya puedo ir a clases (traté el domingo pasado de ir a show, pero fue contraproducente y terminé llorando. Claro que estoy más susceptible que de costumbre, así que no hay que prestarme mucha atención, pero sí, estoy complicada). Y sé que, felizmente también, esto se maneja ocupándome más de mi cuerpo, de tener una mejor postura, mejores hábitos, cuidándome más del estrés y de no cargar con tantas responsabilidades (Sobre todo si no son valoradas, como es el caso de la empresa de eventos), planificando acciones a tomar a futuro para no quedarme en la calle (porque sabemos que mucho apoyo económico no tengo, aunque sí tengo mucha suerte), y sobre todo, ayudándome lo más que puedo.

"Con la única persona con la que vas a pasar el resto de tu vida es contigo mismo, así que de tí depende ser tu mejor aliado o tu peor enemigo", dicen por ahí, y yo estoy procurando lo primero. Un poco floja, porque mi autoconcepto no está en sus mejores momentos (gracias, depresión, gracias, pensamientos antiguos), pero lo intento. Tengo muuuuuuucha suerte, dentro de todo, de estar donde estoy: hay gente que la pasa cien mil veces peor que yo (muchas mantienen la sonrisa en la cara, damnit, deprimirse es un lujo), y yo soy afortunada de tener el apoyo que tengo de las pocas personas que están a mi lado sin buscar más que una sonrisa a cambio, y eso es lo que más vale en la vida. Tengo fe en que, una vez pase este bache, me estabilice (emocional y físicamente) y vea resultados, voy a estar más animada y podré tomar decisiones más trascendentales. Y también tengo fe en que no sea fibromialgia, por favor Diosito, por favor.

Moraleja: Valora tu salud, y tu integridad física. Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, y eso no sólo se aplica al amor, también a la salud, porque sólo cuando te das realmente cuenta de lo imposibilitante que puede ser una dolencia es que ves lo importante que es estar bien, en todo sentido. Dejemos de matarnos por unos cientos de soles, démonos espacios para viajar, relajarnos, descansar de verdad; aprovechemos los fines de semana, dejemos de llevar trabajo para avanzar en la casa, al final del día, nada es tan importante como el bienestar físico y emocional, y eso, ni un millón de dólares lo puede comprar. Si tu trabajo te apasiona, dale, pero mídete, porque es muy seguro que también te esté estresando sin que te des cuenta, y quitando vida social y familiar: nada en exceso es bueno, y la vida no está hecha para trabajar para otros, sino para buscar la felicidad.
Así que busquémosla en las cosas que está comprobado que la contienen: familia, amor, amigos, distensión, naturaleza... Dejemos de ser soldados sin mente ni vida de una sociedad vacía basada en la productividad y meritocracia. Busquemos nuestros propios medios para sobrevivir.


Lectura interesante al respecto:
http://www.periodicodecrecimientopersonal.com/la-espalda-como-reflejo-de-nuestras-emociones-ocultas/

Esto también me ha estado pasando desde enero o febrero pero felizmente hace un par de semanas ha disminuido. Una raya más para el tigre:
https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000807.htm







domingo, 7 de febrero de 2016

Letras e insomnio

Últimamente estoy con insomnio. Cosa rara para una persona que puede caer dormida en cualquier lugar, en cualquier momento.

Cierro los ojos, y veo, en el fondo negro de mis párpados sin luz, letras de distintos tamaños y estilos que forman palabras que no se entienden. Cambio de posición, abro los ojos: es de madrugada, mis perros respiran debajo de mi cama, sienten mis movimientos y uno de ellos se para para saludarme y moverme la cola, quizás pensando que voy a jugar con él. Para Princhi siempre es momento de correr. Pero lo desilusiono con unas palmaditas en la cabeza. "Vuelve a dormir", le digo.

Es tarde, y pienso que esto me pasa porque estoy haciendo horarios locos, de nuevo. Obvio, esto de estar de vacaciones luego de un año de trabajo y estudios firmes y desgastantes tiene su contra: hacer lo que quiera, que no siempre es bueno a la larga. Pero no, creo que es puede ser un factor que me mantiene despierta, pero que no es la razón de ser de esas letras en mi cabeza. No, hay algo más. Algo que me falta hacer. Algo que mantiene mi conciencia intranquila.

Ya saqué a pasear a mis perros, limpié la casa; sé que tengo que ordenar pero no puedo mientras mi mueble siga en el patio (Y necesito ayuda para cargarlo); faltan días para la matrícula así que sobre ese tema sólo me queda esperar. Nop, no es nada relacionado a mi familia, ni al amor, ni a mis amigos, ni estudios, ni trabajo. Es algo relacionado conmigo. Es algo que no he hecho en muuuucho tiempo y que ha hecho que se acumulen todas esas palabras delante de mis ojos cerrados.

Escribir.

Acabo de estar viendo de manera superficial lo que puse a finales del 2014. Qué buenos mensaje, me alegra haber dejado en pausa mi pequeño espacio en un momento de mi vida tan positivo. La última vez que puse algo dije que no quería escribir hasta tener un mensaje positivo seguro que quisiera hacer llegar a otras personas, y esa es una de las muchas excusas que he tenido conmigo para no hacerlo. Quise esperar a que llegue la inspiración, "no, hoy no, hoy ya escribí mucho por encargo", "no, me duelen las manos", "no tengo tiempo para eso", "si no tengo una temática específica mejor lo dejo de lado, por el bien de la humanidad".

¿Y yo? ¿Dónde quedo yo?

Hoy no es que tenga un mensaje recontra positivo para enviarle a los lectores de este blog (Me sorprende tener visitas de la India y de Irlanda, ¿en serio me leen o es gente de paso? ). Pero YO necesito un espacio para mí. Esa fue la razón de ser, en un inicio, de este blog: darme un espacio para esas cosas que no caben en mí y que a veces me sobrepasan, porque sí, a veces puedo ser intensa y necesito descargarme. Me he dado cuenta recién hoy de que no tengo con quién descargarme realmente. No es que me las quiera dar de víctima, pero me estoy sintiendo un poco incomprendida y juzgada cuando quiero decir lo que siento y pienso, y eso me mantiene callada. Pues bien, va casi un año de silencio (Mi récord) y creo que estoy a punto de estallar. Esas leras en mi mente son las palabras que no he logrado articular y que si no pongo por escrito en estos días, no me van a dejar dormir en quién sabe cuánto tiempo más.

La cosa es bien simple: todo sigue muy similar. No es que haya cambiado gran cosa en mi vida. Me da cierta culpabilidad estar contando "ay sí, mi vida, mi historia", pero bueno, este es mi espacio personal, el único en el que puedo darme importancia, así que aguántenme. Lo necesito.  Como decía, las cosas han seguido su rumbo y están bastante similares a como las dejé a principios del año pasado. Entonces ¿por qué la necesidad de expresarme, como si el basurero estuviera lleno? Quizás es como cuando tienes un cuarto bonito y bien equipado, en el que no entras desde hace mucho: luego de casi un año, lo encuentras igual, o muy similar, pero lleno de polvo. Es necesario mover todo para limpiar, y por ahí clasificar lo que sirve y lo que no.

Así que, ¿por dónde empiezo?

Bien. Iré por lo más fácil. Hace como dos años que no recibo terapia, desde que me diagnosticaron Síndrome de déficit de atención sin hiperactividad, ¡ah, eso puede ser lo que también mantiene mi cabeza llena de letras! No he hablado con nadie más que la gente de mi entorno para solucionar mis asuntos internos; esto ha significado que la receta de mis antidepresivos esté obsoleta y por tanto, poquito a poquito los haya dejado. No hace mucho, porque la última receta que me dieron fue virtual, así que pude imprimirla e imprimirla... pero me da flojera hacerlo de nuevo. Así que va como una semana sin pepas. Por el resto de cosas, estoy super estable. Me complace decir que me cuesta más dejar de comer que comer en sí. No soy perfecta, y el pensamiento de "estoy gorda, ya no voy a comer más" me visita todos y cada uno de los días de mi vida y en cada ocasión que pueden... pero simplemente, de manera orgánica, ya no puedo hacerles caso del todo. Me gobiernan unos días, o una pequeña temporada, y de ahí simplemente ¡puff!, el hechizo se acaba. No sé si es porque ya mi cuerpo se acostumbró a comer, o si el desgaste que tuve es tan fuerte que ahora por cualquier minidieta me vuelve la gastritis, la debilidad y esas cosas; no sé si es porque ya estoy grandecita para esos achaques y me afectan más que hace 10 años, o qué rayos, pero simplemente no paso de un par de semanas mal comiendo, cuando realmente me lo propongo. La sensatez puede mucho más, y eso me alegra, porque recuerdo todo lo que perdí y el ser que era cuando estaba realmente trastornada y me aterra. No podría ser ni el 10% de lo que soy ahora si volviera a vivir para mi cuerpo y mi mente en vez de yo como un todo. Así que me alimento bien, por inercia, un poco inconscientemente, pero me mantengo feliz. Tengo problemas con las cantidades, como siempre, y sigo con una fijación por los dulces, pero me controlo lo mejor que puedo. La comida no es el centro de mi día a día, así que puedo decir que check.

(Para las que se preguntan si no extraño esas épocas y mi cuerpo de entonces: la respuesta es sí, todo el tiempo. A veces me siento incómoda en mí misma, a veces quisiera no tener responsabilidades. Pero luego me acuerdo de todo lo malo de esos días, y lo comparo con todo lo bueno de ahora, y creo que es mejor lo que tengo ahora, las satisfacciones que me trae, la tranquilidad de hacer las cosas bien y tener la conciencia tranquila y abierta para pensar en otras cosas importantes. El cuerpo siempre está cambiando y es cuestión de acomodarse).

Sobre los estudios: sigo en el Instituto. Me sigue yendo bien. Pero estoy nuevamente aburrida. Me llega no poder mantenerme en una sola cosa sin pensar en que quiero cambiar. Eso no es maduro, ni responsable, ni estable, siquiera. Así que no los he dejado, ni lo voy a hacer.

¿Qué pasa? Que me comparo con la gente que hace lo que en el fondo de mí quisiera estar haciendo pero me da terror hacer. ¿Por qué? Por el estúpido dinero. No confío al 100% en mí misma como para dejarlo todo y dedicarme a estudiar música, danza, teatro, todo lo que en el fondo me gusta. Ese mundito tiene cosas que me atraen como polilla, pero cuando estoy cerca siento que me quemo y mejor me alejo y me dedico a otras cosas que me sean rentables, porque hay que pensar también en el futuro. En esas me la paso, tratando de buscar un equilibrio. Por lo pronto, si bien estoy cansada de estudiar algo que me gusta pero no es teatro, quiero terminarlo. Porque tengo casi 28 y ni un título que me respalde. Sé que los títulos no son lo más importante, que hay gente que la ha hecho linda haciendo lo que le gusta y blah blah blah, pero para mí es importante ese cartón que diga "Cris es profesional (o técnica) en tal cosa". Para asegurarme que tengo recursos para los tiempos difíciles.
Pero en el fondo, sí, en el fondo, una buena parte de mí envidia a los que ahora tienen éxito y añora ser parte de ellos. Estos días han estado marcados por eso, porque mi prima, una de mis más grandes referencias, está triunfando en el mercado local, y a mí me hierve no poder estar junto a ella, brillando también, por dos razones: porque creí que no tengo el talento suficiente, y porque CARAJO, fui tan estúpida y tan insegura que me salí de eso y me fui por lo seguro (El cartón y el dinero), y me puse a trabajar en shows que me divierten y me gustan pero no me llenan del todo, y más bien me generaron demasiada frustración. Conclusión: soy una tarada, y tengo que vivir con eso. Y tratar de perdonarme.

Ajá, acabo de encontrar el primer insecto dentro del cuarto lindo pero sucio: envidia, rabia a mí misma por haberme rendido, convenciéndome de que eso no era para mí, obligándome a dejar de soñar. Aj, ¡eso de sentirme mal conmigo misma se me hace taaaaan familiar...! Así que, ¿Qué hice? el año pasado, viendo a mis amigos, me empezaron a picar los pies, las manos y el cuerpo y me dije "voy a volver. Voy a planificar bien qué haré para no quedarme en la calle pero tampoco estancarme en el anonimato", y en eso ando. Diciendo "sí" a cada proyecto que se me planta en frente, siempre y cuando no demande gastos de mi parte. Me llegaría tener que volver a estudiar esas cosas, al menos en este momento. Sé que voy a tener que hacerlo eventualmente, cuando me quiera dedicar de lleno, pero ahora voy a seguir gastando en mi cartoncito. Luego, en un año y medio, que es cuando se supone que lo conseguiré (al menos eso dice la currícula de mi carrera), buscaré trabajo "de adulto" y en las noches me dedicaré a eso. Y pagaré si es necesario, pero ya más tranquila.

Lo que me llega de este asunto es el tiempo. Me siento vieja, me da miedo porque me comparo con los que siguieron sus sueños y no le hicieron caso al miedo y me considero torpe y sin gracia a su costado. Ahora soy consciente de que no sólo es suerte: es cosa de valor. Y yo para esto soy bien cobarde.

¡Pero ya fue suficiente! Ya no quiero seguir lamentándome de no haber seguido mis sueños: quiero ser feliz, y voy a luchar por conseguir eso que, creo, es lo que me hará sentir orgullosa de mí misma. Nada más tengo que volveeer a aceptar que me tocó demorarme en la vida, pues. Ni modo.
Algo para mí habrá :)

Lo dejo aquí en pausa, de momento, porque ha venido mi galán a recogerme para vernos. Qué, ¿no sabían? Uy, es que falta aún bastante por actualizar :)