Este es un blog de vivencias y reflexiones de una chica que busca la manera de plasmar su interior en algo tangible como las letras.

Aquí encontrarás hartas anécdotas y también procesos mentales, de esos enredados pero que buscan explicar lo que sucede en la vida y así encontrar un sentido. Encontrarás ejemplos de cosas que no hay que hacer; confesiones amorosas, de esas que toda chica necesita contarle a su mejor amiga; quejas y lamentos, letanías de alguna época mentalmente negativa; pero también hallarás decisión, actitud, fuerza y valentía (O al menos un sincero intento de ello).

Espero motivarte a seguirme. No sólo en lectura, sino en este trabajo interno, esta búsqueda de bienestar.

Seamos luz en medio de tanta oscuridad.


domingo, 11 de febrero de 2018

Reto Día 4

Estamos viendo qué almorzar.

Siempre es un lío el almuerzo familiar de los domingos porque todos comemos diferente. El domingo pasado hice berrinche porque fuimos a un lugar que me traía malos recuerdos y no había nada que yo quisiera comer. Si no soy yo, es mi hermana la que se queda mirando lo que el resto come. La diferencia es que ella maneja mejor sus emociones últimamente. Yo me puse como chiquita y me escondí en el baño, y terminé fregándola más.

Ayer tuve show. Me hicieron esperar hora y media para empezar, me parece una falta de respeto que las familias te citen a una hora y te digan que corras tu horario en función de lo que a ellos les parece, sólo por esperar más invitados. Y peor falta de respeto que quien dirige el barco acepte lo que dice la mamá sólo por complacerla, sin pensar en el bienestar de los trabajadores. Hice mi show con sonrisa fingida, aún me cuesta sonreír de verdad, sin culpas, sin vergüenza, incluso a los niños. Sentir alegría de verdad está cerca, pero aún la rechazo inconscientemente.

Y algo curioso, me estuvo escribiendo uno de los entrenadores que me llevó a mi casa cuando me descompensé. Me preguntó si estaba mejor y me estuvo hablando un poco durante el día.

Debo apestar a soltería.


Reto de escribir:
Día 4: Escribe sobre alguien que te inspira:

No me inspira especialmente nadie. Diría que mi mamá, por la fuerza que tiene cuando se trata de enfrentar problemas o situaciones difíciles como las de fin de año pasado hasta el día de hoy. O mi mejor amiga, por su fortaleza e independencia, por su "hacendosidad", prolijidad, organización. Está viviendo en Madrid porque quiere una plaza de médico ahí y justo ayer fue su examen. Se ha preparado meses para ese día, sola en un mundo desconocido. La admiro por ser capaz de hacer muchas cosas, es muy capa.


Reto del autoestima:
Día 4: ¿Cuál es el cumplido que te cuesta aceptar sobre tí misma?

Todos. Y ninguno a la vez. Porque en el fondo sé que tienen algo de cierto, sólo que no necesariamente lo veo.

Mi relación con los cumplidos ha cambiado. Los puedo agradecer y aceptar sin interiorizarlos. No sé si eso es mejor o peor que lo de antes. Si me dicen "eres bonita" digo "gracias", por educación, pero eso no significa que yo esté de acuerdo.

"Eres muy bonita", "eres muy buena", "eres una trome", "vales mucho", "te quiero mucho", "me importas", "que lindo cantas/actúas/bailas/pintas/escribes/haces", "te admiro", "eres muy capaz"... cualquier cosa relacionada con mi capacidad, valía o aspecto me haría sonrosar si no estoy con mi defensa en alto.

Postearé una foto de mi maquillaje de ayer. Lo hice yo. Me gustó cómo me quedó, como raras veces. Hay que subir el autoestima de alguna manera.

Reconozco que a veces me salen bien algunas cosas.


***

(Post edit)
Me acabo de enterar de una noticia que me ha dejado medio en shock: 
Brownie, mi ex, se casó el mes pasado. 

Nada más y nada menos que con la chica con la que siempre quiso estar y sí, estuvo: antes de mí, durante su relación conmigo, y por lo que veo, después de mí. A la que yo llamé diciéndole que le cedía mi lugar. La que me dijo que no quería saber nada de él porque tenía problemas (yo concuerdo). La chica de sus sueños, el amor de su vida.

Me alegra mucho que sea feliz, me parece un cuento de hadas. Es una historia linda.

Pero algo en mí no termina de estar contenta. No por él, claro. Nunca estuve realmente enamorada de él. Me siento rara por mí.

Casarse es una de las máximas de mucha gente, y me incluyo. Es el bendito "happily ever after" de los cuentos que tanto me gustan desde niña, el inicio feliz de una nueva vida. Para mí significa eso, el inicio feliz que yo hasta ahora no encuentro.

Tengo un concepto de él un poco negativo por las cosas que pasaron... supongo que todos pueden redimirse y espero que haya sido su caso. Pero me hizo daño. Y eso, de alguna forma, no lo perdono. Enterarme de que se casó es como un "mira, los malos consiguen lo que quieren. Tú no". Claro, si es que yo estoy en el papel de "buena". 

Voy a tratar de hacer el ejercicio de cambiar ese pensamiento porque no hay definitivos, tenía cosas buenas y yo de hecho tengo muchas cosas malas, muchísimas (vamos, si no, no estaría aquí escribiendo, tratando de botar mis sombras).

Me ha hecho sentirme, una vez más, fracasada. Incapaz de lograr nada en el mundo. Mi prima triunfando en el arte, mis primos hombres triunfando en el deporte... mis hermanos y yo, lidiando con la vida, sin resaltar en nada. Me siento una nadie. En eso pensaba antes de enterarme de lo de Brownie, en lo "desgraciado y enfermo" de mi rama familiar. 

¿Podré florecer algún día? ¿Lograr independizarme, alcanzar sueños de pareja y de trabajo, a la par de que mi familia también salga del hueco de la supervivencia en el que estamos hace 18 años?

sábado, 10 de febrero de 2018

Retos Día 3

Ayer salí a hacer ejercicios en el parque frente a mi casa. Me uní a un grupo de gente que suele reunirse ahí con unos entrenadores que te hacen seguimiento de peso, grasa y esas cosas (súper completo e interesante). Diagnosticaron que estoy en mi peso súper ideal, justo a la mitad de lo perfecto, pero que mi composición no es la adecuada porque tengo poco músculo y mucha grasa (lo sabía!). Así que tomé una clase con ellos.

Terminé descompensada en el grass. Me tuvieron que comprar dulces porque se me había bajado la presión y estaba temblando, y no podía pararme sin que se me pusiera todo negro. Me llevaron a mi casa casi cargada. Lo peor es que alerté a mi mamá porque sólo tengo permiso de estar una hora fuera de casa (¿mencioné que estoy bajo supervisión y no tengo permiso para salir sola?) así que al final me regañaron por no avisar. Pero fue muy divertido, y socialicé xD

Vamos con el reto.

Reto de escribir:
Día 3: ¿Cuáles son tus 3 "pet peeves" más importantes? (pet peeve: experiencia negativa causada por una persona, una sola vez. Algo así como algo que te hicieron o dijeron que te marcó de por vida).

Sin ningún orden en especial:

- "¡Bailas como un zancudo!" - Mi prima y mi tía. Yo estaba bailando rap o algo de eso cuando era niña y ellas me vieron y se burlaron. De niña yo bailaba tranquila y no me juzgaba. Desde ese momento me cohibí y no quise volver a hacerlo. Me marcó porque es una de las cosas que me gustaba hacer pero no hice, y no desarrollé, y ha sido una traba personal y profesional grande, no sólo porque no me ha permitido alcanzar papeles de teatro que yo quería, sino porque bailar es una muy buena manera de identificarse con el cuerpo y eso me falta, y mucho. No puedo terminar de explicar lo que significa para mí, porque es un símbolo tangible de mi peor miedo: fracasar notoriamente. Lo irónico del asunto es que mi prima es bailarina profeisonal y le va de maravilla en el medio artístico local y extrajero. Hasta ha ganado premios por un rol que desarrolló en un musical en Estados Unidos. Gracias a Dios he trabajado mi envidia hacia ella, pero la parte "hacia mí" queda. Me cuesta bailar como si nadie me mirara.

- "Eres un poco pretensiosa" - Una niña en mi slam. ¿Alguna vez tuvieron esos cuadernos que pasaban a sus amigos para que respondieran varias preguntas sobre tí o sobre sí mismos? Yo roté el mío con la pregunta "¿qué piensas sobre mí?" y una niña me respondió eso. No era novedad escuchar comentarios de que yo era una creída. Lo que menos quería era llamar la atención, caer mal o ser creída, pero ahí estaba, la prueba de que había fallado en eso. No tenía ni 10 años (vamos, no tenía ni 7) y trataba de no ser problema para nadie/agradarle a todo el mundo.

- No cuenta como algo que me dijo nadie, pero creo que puede ir en este apartado porque me marcó de por vida: hay un año y un lugar en los que no puedo pensar. No quiero pensar. Están bloqueados por decisión propia. Cierto lugar donde viví y pasaron cosas fuertes, cierto año que, al parecer, fue decisivo en mi vida. En el desarrollo de mi enfermedad.




Reto del autoestima:
Día 3: ¿Qué hábito ueno deseas comenzar este mes?

¡Definitivamente, el de hacer ejercicios!

No quiero ser maniática, pero no quiero seguir sintiéndome "gorda". No sé si como hábito pero sí como algo que quiero hacer de vez en cuando para no sentir tanto miedo de comer cualquier cosa fuera de lo que estoy habituada.

viernes, 9 de febrero de 2018

Una Oración para los Vivos. Jeff Foster

Deshaz en mí todo aquello que necesite ser deshecho.
Corrige mi esperanza de ser enmendado.
Úsame. Saca de mí cada ápice de creatividad. Ayúdame a Vivir una Vida radicalmente extraordinaria, forjando siempre un camino jamás antes transitado en el bosque.

Enséñame cómo Amar con más profundidad, como nunca antes creí que fuera posible.

Cualquier cosa de la que siga huyendo, muéstramela con absoluta evidencia.

En cualquier cosa con la que siga en conflicto, ayúdame a suavizarme en ella, a relajarme en ella, a abrazarla completamente.

En donde mi Corazón continúe cerrado, muéstrame una forma de abrirlo sin recurrir a la violencia.

A todo aquello a lo que me siga aferrando, ayúdame a dejarlo ir.

Regálame desafíos, luchas y obstáculos aparentemente insuperables, si crees que eso me ayude a tener una más profunda humildad y confianza en la inteligencia de la Vida.

Ayúdame a reírme de mi propia seriedad.

Permíteme encontrar el humor en los lugares más oscuros.

Muéstrame un profundo sentido de descanso en medio de cada tormenta.

No me libres de la Verdad. Nunca.

Deja que la gratitud sea mi guía.

Deja que el perdón sea mi mantra.

Deja que este momento sea mi eterna compañía.

Permíteme ver tu rostro en cada rostro.

Permíteme sentir tu cálida presencia en mi propia presencia.

Sosténme cuando tropiece.

Respírame cuando yo no pueda respirar.

Permíteme morir viviendo, no vivir muriendo.

Amén.




















Retos Día 2

Ayer estuve mejor.

Me sirve escribir, botar, expresarme, ordenar mis pensamientos. Está siendo una buena terapia.

Cosí hasta tarde mi traje propio. Porque estoy haciéndome un traje propio de Elsa, para no depender de nadie nunca más. Ahora el problema son los zapatos, porque no puedo ir a comprarlos a donde debo. Es lejos y es complicado que me acompañen. Ojalá encuentre una solución pronto.

Aún así y todo, lo extraño demasiado. Y pienso en él durante el día, porque muchas cosas me hacen recordarlo.

Pero no es momento de enfrentar esa parte. Aún no puedo lidiar con una relación, si yo todavía no puedo lidiar bien conmigo misma.





Reto de escribir:
Día 2: Escribe algo que alguien te dijo sobre tí misma que nunca hayas olvidado.

Asumiré que se refiere a las cosas positivas, porque estamos para construir. De las negativas ya tuve mucho.

Una vez, uno de mis ex me dijo que yo era un hada. Le creí.

Y "Él" me paraba diciendo que soy demasiado especial, demasiado pura, demasiado buena, demasiado sensible, más de lo que yo creía, que era un ángel. Me gustaba pensar que estaba exagerando (porque lo decía frecuentemente) pero una parte de mí agradecía que él viera eso que me cuesta ver. Mi parte especial, la que pocos logran ver. Me gustaba que él pudiera verlo.

Mi mamá me ha dicho que jamás piense que soy un bulto o una carag porque no lo soy, porque me ama, y que soy más fuerte de lo que creo.

Uno de los internos me dijo que parecía un angelito caminando en pijama en el jardín, de noche.

Mi mejor amiga me dijo que nunca me iba a dejar.




Reto del autoestima:
Día 2: Libérate de una creencia limitante que tienes sobre tí o sobre tus habilidades.

¿Cuál de todas? ¿Cuál es la más fácil de desechar?

Quizás esa de que no soy capaz. Porque sé que sí soy capaz de hacer muchas cosas, pero eso también me da miedo. Me da miedo mostrar mi luz. Había olvidado que mostrando mi luz, motivo a los demás que muestren también la suya. No me van a envidiar ni fastidiar como cuando era niña, la época de esconderse para sobrevivir se acabó hace muchos años. Ahora es necesario que me muestre como soy y desarrolle mi potencial, el que tengo para tantas cosas, porque en verdad, soy capaz de hacer muchas cosas bien.

Puedo cantar. Tengo oído musical innato. Puedo actuar. Puedo escribir. Puedo pintar. Tengo facilidad de palabra y puedo socializar bien cuando me lo propongo. Puedo ser líder si me atrevo a asumir responsabilidades, y lo he hecho (Y nos ha ido bien a todos, un ejemplo es la revista que hice). Tengo ética para analizar la coyuntura de mi país y situaciones equis. Soy inteligente. Soy empática porque sé ponerme en el lugar de los demás por todo lo que he pasado (desde niña lo era). Soy cariñosa si me suelto y creo que me quieren. Puedo bailar si me quito la vergüenza. Tengo inteligencia emocional para ver dentro de mí y reconstruirme, pese a todo lo que estoy pasando, soy capaz de recuperarme; soy resiliente. Ya lo he hecho y sé que lo puedo volver a ser. Soy buena con los niños (al menos cuando estoy en personaje).

Soy un paquete bastante completo, y me conozco bastante bien, sólo que tiendo a olvidarme porque prefiero (tengo la costumbre de) enfocarme en mis cosas negativas: mi desidia, mi flojera, mi miedo. Es una cuestión de actitud, y me cuesta por eso. Me toca trabajar la voluntad.

¿Realmente quiero vivir? Más me vale que sí, porque no hay vía de escape. Vivir es la única manera de atravesar la vida, y si voy a vivir, es más satisfactorio hacerlo bien. Y para eso hay que estar bien y optar por lo bueno, positivo y saludable.

Y para eso, hay que creer: soy capaz de muchas cosas y eso está bien. Ya no hay que esconderse. Deja el miedo de resaltar. Suéltate. Ya es seguro brillar.

jueves, 8 de febrero de 2018

Retos Día 1

Ayer y anteayer fueron días de horas de llanto.

Me toca aceptar que mis emociones están más desordenadas de lo que pensaba.
Que me toca estar sola.
Que estoy dentro de un proceso nuevo de re- aprendizaje.
Que hay que tener paciencia con una misma.
Que está bien estar mal y pero no debo quedarme en eso.
Que sólo me queda aceptar, aceptar, aceptar.

***

Encontré estos pequeños retos de un mes. Los quiero hacer en simultáneo (porque, para variar, uno no basta).

A ver qué sale de esto.



Reto de escribir:
Día 1: Haz una lista de 10 cosas que te hacen sentir feliz.

(Ningún orden en especial)

1.- Cantar "Libre soy" en los cumpleaños. Ese momento en que salgo por primera vez al show y a veces se escucha una exclamación ahogada, y empiezo a cantar, y estoy concentrada en que me salga fuerte y sin gallos, y en que salga la "nieve" de mis mangas, y en que se vea realista. Me gusta mucho esa canción, se me pone la piel de gallina cuando escucho la original.

2.- Un abrazo cálido de mi mamá. Sobre todo ahora que estoy tan inestable. Y con inestable no me refiero a mentalmente inestable, sino a mis subidas y bajones emocionales, a estar tranquila y, casi por nada, me pongo a llorar. Un buen abrazo de mi mamá ayuda mucho a contener esas oleadas, me calma la angustia y la ansiedad, ayuda a sentirme menos sola.

3.- Dormir con "Él". Supongo que tendré que quitarla de la lista.

4.- Dormir, en general. Nada como ausentarse un buen rato y despertar reseteada.

5.- Que un niño quiera acercarse a mí a hablarme o tomarse una foto. Una muestra de aprecio, aunque sea al personaje que interpreto, que indica que hice bien mi trabajo y que soy valorada en algún sentido por alguien.

6.- Comer un postre. Pero no cualquier postre, en cualquier momento. A veces hay postres que sólo dejan dolor de estómago, y otros que son insípidos. No, hay ciertas ocasiones en que un postre te calienta el corazón. Sobre todo si se trata de una torta de chocolate, o un crocante de manzana bien hecho. En un momento en que la gastritis no arde, pero tampoco estás repleta de comida y con culpa por las calorías extra.

7.- Bailar con "Él". Otra que debo sacar de mi lista. No sé, pero por alguna razón, una inexplicable sonrisa me salía cuando bailábamos. Debe ser algo de otra vida.

8.- Un buen chisme con mi mejor amiga. ¿Han visto "Sakura Card Captor"? Ella es mi Tomoyo (O yo la suya, depende del punto de vista). Lo mejor es que si se acaba el tema, no importa.

9.- Ver series o películas. Sola o acompañada, aunque no es lo que más me gusta hacer, no puedo negar que me produce placer ponerme a mirar algo interesante.

10.- Mirar el cielo. Sobre todo si es de noche y hay estrellas y nada de luna. O si es un atardecer de verano. o si hay cielo celeste sobre la gris Lima. También se aplica a un bello paisaje, en el malecón, o en el campo. Pero más accesible es el cielo en cualquier momento.





Reto del amor propio:
Día 1: ¿Cuál es tu mayor dificultad para amarte a tí misma?

La culpa y la vergüenza que siento cuando veo mis errores. Porque no me gusta equivocarme, fallar. Tratarme mal es más fácil si hay cólera hacia mí misma, y ésta aflora cuando no hago lo que debí hacer, o sea, cuando me equivoco. Quizás por eso siempre trato de tomar las mejores decisiones, de ser perfecta, de no equivocarme, y cuando lo hago, mi fastidio es tan grande que me pone mal y afecta las otras áreas de mi vida.

Sigo siendo demasiado exigente conmigo misma, al punto de preferir no intentar hacer las cosas y postergarlas, por miedo a fallar. Y, por qué no, también por miedo a llegar a hacerlas bien. Porque prefiero no hacer, y mirar. No tomar decisiones, y ser llevada por el viento. Es más fácil. Me quita responsabilidad sobre mi vida.

Y al final me siento como una fracasada, pero al menos ya lo sabía, ¿no?

***

Una amiga tiene un polo/camiseta/T-shirt que dice "you were born to be real, not perfect". Me conviene tenerlo en mente más seguido, con un pequeño cambio:


"Naciste para ser feliz, no perfecta"



martes, 6 de febrero de 2018

Nuevos caminos

Se me ocurre una idea.

Necesito escribir.
Estoy mal.
Combina ambas y tienes un diario.

Añádele redes sociales y recuerda tu interés por ayudar a otros como tú a salir del hoyo.

No estaría dispuesta a dar mi nombre a conocer, pero me parece una buena idea convertir esto en lo que era: un diario.

Y ahora, un diario de recuperación.

Sólo que menos catártico y con más contenido que pueda ayudarme a mí y a otros.

¿Qué piensan?

(Bah, a mí me gusta la idea, y sólo eso importa. Se supone).

lunes, 5 de febrero de 2018

Viejos caminos

Lamento pasarme por aquí con malas noticias.

Trato, de verdad trato de ser positiva y mantenerme bien, pero a veces "me toca" estar mal. A veces no puedo evitarlo. A veces la vida te lleva por senderos que te hacen recordar lo que pasaste y hasta extrañar la oscuridad. Me ha pasado. Me pasa. Y por eso estoy aquí.

No paso por aquí desde Junio, por lo que veo. Cuando trataba de concentrarme en hacer mi tesis y en ser una persona de éxito, al menos inmediato. Cuando trataba de no zozobrar a la adultez. Cuando trataba de enfocarme en el día a día para no ver la tormenta que se cernía en mi interior.

No he estado bien. Creo que no es necesario ponerlo en palabras para que sea evidente. Pero mi "estar mal" esta vez se me salió de las manos. Suelo querer ser responsable con lo que pongo en este pequeño espacio personal que ya creo que nadie lee, pero necesito desahogarme porque siento mucho "calor" interno. Mi teoría de la fiebre emocional parece ser cierta, yo la hago. Tengo todos los criterios de predisposición y los síntomas y no es la primera vez que me pasa, así que tengo que botar. Necesito botar. De otra manera, me volveré loca de verdad, o peor aún, volveré a hacerme daño.

Viví por inercia los últimos meses del año pasado, hasta que mi bomba explotó. Mejor dicho, implosionó, porque yo no suelo volarle los sesos a la gente de afuera con palabras, no. Yo estallo, y me hago daño en el proceso. Por meses sentía la necesidad de hacerme daño de mil formas, pero me contuve. Pero exploté, y tres meses después aún hay consecuencias, y aún hay dolor, y aún queda para rato.

¡Quisiera tanto ser ese tipo de persona normal, feliz, que vive su vida sin hacerse tantas preguntas y se lanza a la piscina de frente!

Han sido semanas muy duras para mí. A mediados de noviembre hice cosas que no debería haber hecho y de las cuales me arrepiento. ¿Cómo decir en bonito que traté de suicidarme 2 veces en menos de 48 horas? ¿Cómo contarle a alguien que terminé caserita de emergencias del hospital y de las clínicas de rehabilitación? ¿Cómo perdonarme después de todo el daño que he hecho a mi alrededor con las esquirlas de mi corazón y mente hechos añicos?

Creo que esa es la parte que más me está costando ahorita. El autoperdón. Yo, que siempre trato de echar una luz en el camino y que hablo de la importancia de tenerse paciencia, no aguanto estar despierta. No quise hacerle daño a nadie, pero no sólo me lo hice a mí (física, emocional y socialmente hablando), sino también a mi familia y gente cercana. Y lo que más rabia me da es que ya nada puede volver a ser como antes, que hay un "antes" y un "después" desde ese 12 de noviembre, que vuelvo a recorrer la senda del que busca redención, paz interior, una vida plena con los demás.

Volver a estar internada luego de mis 15 meses en Cieneguilla ha sido una experiencia inesperada y surreal. Sólo estuve un mes, pero sigo cautiva del dolor y también, por qué no decirlo, del ojo vigilante de mi familia, que de nuevo, es lo único que tengo.

El día que salí de alta, 21 de diciembre, murió uno de los seres que más he amado y que ha sido mencionado infinidad de veces en mis escritos: Poupée, mi perrita. Quiero pensar que hubo una enfermedad tangible e inesperada de trasfondo, pero no puedo negar que hay indicios que me muestran que se sacrificó por mí. Para que yo no muera, ella lo hizo, absorbiendo lo malo. Así de nobles son los perros. Pero no es la única pérdida con la que vengo tratando de lidiar. Vamos, que la de ella me dolió demasiado, pero pasa, porque es definitiva. Con la muerte no hay nada que hacer.

¿Pero qué haces cuando hay vida? ¿Qué haces cuando aún los caminos se pueden cruzar, pero no deben (o no te dejan)? Es terrible matar la esperanza cuando es, quizás, lo que te puede salvar.

Estoy separada de mi enamorado sin que ninguno de los dos lo hayamos querido. Lo extraño demasiado. Es diferente a cualquier situación vivida antes, porque en este caso, el amor no se acabó por ninguna de las dos partes. Pero no se puede estar juntos, porque teóricamente es dañino, porque supuestamente él tiene problemas mentales hasta peores que los míos, porque no asume la responsabilidad de cosas que para mí no son importantes pero para mi entorno, TODO, es crucial. Yo le perdono por reaccionar como reaccionó cuando exploté, pero nadie más. Mi opinión es la que debería de importar, pero no es así. De hecho, vivo restringida, por más que me la quieran poner bonita, la situación es muy similar a cuando era una niña y no podía salir sola, no tenía amigos, no hablaba con nadie, sólo yo y la casa y mi cuarto y el entretenimiento que menos dinero gasta, las deudas por mi estado de salud y mis gastos aún existentes son grandes y la culpa me acecha.

Culpa. Vergüenza. Nostalgia. Ira. Estoy llena de esas cuatro. No cabe espacio para el amor, ni para la esperanza, mueren intoxicados. Todos los días son una agonía de monotonía y llantos reprimidos, porque cualquier movimiento mío genera tensión.

Por eso debo escribir. Porque ya no es suficiente llorar, hablar, gritar, quejarme. Ya no es suficiente nada de lo anterior. De nuevo el Cristal se rompió y tengo que reconstruirlo desde cero. No tengo la paciencia que tuve antes, porque no tengo ganas de tenerla, porque quiero que todo termine ya, porque no quiero volver a dejar mi vida atrás, ni a las personas atrás, porque yo ya era adulta y ya sabía manejarme bastante bien y tuve que dejar que la oscuridad creciera. Porque le resté importancia a lo bueno, me empalagó, mi espíritu quizo hacer berrinche y sigo reaccionando como niña de 3 años.

Quisiera volver el tiempo atrás. Haber hablado. Haber dicho "estoy teniendo pensamientos suicidas" hace casi un año. Haber reaccionado diferente, haber decidido diferente, haber pensado a largo plazo en vez de recorrer esos viejos caminos mentales que me llevaron a casi morir. Ahora no sólo debo lidiar con la pena de haberme perdido a mí misma, sino también a la de haber perdido a mis seres queridos (otra vez), y entre ellos, a una muerte y a una separación injusta y dolorosa.

Llevo puesto el anillo que me regaló por los dos años. Cumplimos 3 a la distancia, sólo podíamos escribirnos cartas. Nos vimos 3 veces en 2 meses, 1 hora cada vez. Le terminé por escrito porque no aguanté vivir esperando, pero no sé si es mejor esto o tener una chispa de esperanza manchada del rencor de mi familia, que es lo que había cada vez que recibía una carta suya. Ni siquiera llegaba primero a mis manos, la tenían que revisar. No sólo vigilan que no me mate, sino que no lo contacte. Que no le escriba, ni lo llame, ni mucho menos me escape de mi casa para verlo.

Estoy atrapada en la fase del dolor. No sé cómo salir. No sabe cómo salir. Estoy intolerante, reacciono mal a cualquier cosa. Me afecto con más facilidad que antes y genero caos. Con más ganas viene la culpa, la ira, la vergüenza y la nostalgia por la época en la que estuve mal pero al menos tenía mi vida bajo mi control. Y más caos genero. Estoy en medio de ese círculo vicioso en el cual estuve hace 9 años en el que yo soy la villana y sólo mi autodestrucción y el volver a empezar, como el fénix, es lo que me puede redimir. Sólo que ya no sé cómo hacerlo, porque todo es diferente, estoy desorientada y me siento muy sola. Hasta duermo mal.

Hay chispazos de alegría. Trato de reconocerlos, de disfrutarlos, de hacerlos durar, porque lo que predomina es la muerte interna. El vacío. Leí un par de textos depresivos del 2009 y qué bueno que no son públicos. Me temo que no soy el mejor ejemplo de valentía, ni superación, ni positivismo, ni éxito, ni nada. Un mero ser humano más, banal y promedio, sin amigos ni pareja, con la familia asustada, con el autoestima por los suelos.

Que otra vez fracasó. 

sábado, 6 de mayo de 2017

Pequeña catarsis y el camino hacia la luz


Hace más de una semana fui a un taller de astrología aplicada.

Se preguntarán ¿qué rayos es eso?

Pues bien, estaba recontra desanimada e hipersensible (no negaré que la plata es una de mis mayores preocupaciones), y justo vi un anuncio de FB sobre un taller para la abundancia, dirigido por una astróloga, psicóloga y coach que y sigo desde hace años, y me inscribí. Fue muy bonito, pero al final terminé más confundida de lo que ya estaba. Espero aprobar mi tesis para que mi profesora (que también es coach y astróloga) me haga mi carta astral (se la hace gratis al alumno con mejor nota del salón y esa quiero ser yo) y me ayude a aclarar mis ideas.

Porque la ansiedad me esta rayando.

Una de las tareas que me propuse para lograr mi objetivo de abundancia (que no sólo incluye lo material, aunque es una parte importante del concepto) fue escribir. Volver a escribir. Tema engorroso para mí, porque está ligado a la confusión que tengo.

Esta semana no hay show, y debido a los varios días que he estado tirada en mi cama, en parte por mi estado de ánimo y en parte porque físicamente estaba mal, no sé si somatizando o por los antibióticos que me recetaron para el helicobacter, pues me creé un horario, bien ameno, bien distribuido, bien ordenado, como para tener de referencia y poder hacer todo lo que tengo que hacer. Que no es la gran cosa pero me pesa la vida.

¿Y qué creen? Todo bien estos días. Cansada, pero bien. Cumplí con todo.

¿Y qué creen? Hoy me atacó de nuevo el monstruo peludo.

Supongo que es el estrés, la presión de la Tesis y lo que viene después de ella, lo que me tiene tan... asustada, ansiosa. Perdida. No sé qué camino tomar, y digamos que no siento mucho soporte familiar como para tomar buenas decisiones importantes (porque la última que recuerdo que me ayudaron a tomar fue estudiar medicina y ya ven... fue irreal). El único que me ayuda constante y concretamente es mi enamorado, sin él, ahorita estaría más perdida.

¿Qué pasa cuando me pongo así?


Bueno, estoy detectando cierto patrón. Mi profe de tesis habló de un mal generalizado en todo el mundo, no recuerdo cómo lo llamó, pero se caracteriza por procrastinar todo lo que hay que hacer porque en el fondo hay mucho miedo de enfrentar la vida. Y sí, eso me pasa, mucho. Entonces, por ejemplo hoy, estaba todo perfecto como para ponerme a leer sobre la bendita prensa sensacionalista del país. Hasta me tomé una pastillita para mejorar mi concentración. Y vaya que me funcionó, Porque, así como anoche que estuve viendo videos en Youtube hasta las 4am en vez de leer, hoy, literalmente, me obsesioné con buscar ciertas cosas en google. Cosas que no tienen importancia en la vida diaria.

Y entonces, "BOOM".

(He borrado varios párrafos. Letras tóxicas).

Bueno. El punto es que hay épocas, como la actual, en que mis emociones me ganan, en que me desbordo por cosas pequeñas. En que todo me afecta un poco más de lo normal, quizás porque estoy más débil emocionalmente.

Entonces, ¿Qué hacer?

Buscar ayuda. Hablar con alguien. Lo contrario a lo que dije párrafos más arriba jajaja.

Puedes sentirte miserable, la peor cosa del planeta.
Puedes estar atrapadx en el hoyo, pensar que no tienes remedio, que la vida no te depara nada bueno.
Puedes pensar que las pocas personas que realmente te quieren, lo hacen por compromiso.
Puedes pensar lo que quieras y sentirte hasta las huevas.

Pero lo que no es válido es dejarte llevar por eso.

¿Hacerle caso? NO. Identifica lo que te pone mal, escríbelo, grítalo, díselo a alguien de confianza, si es necesario. Pon a prueba tus creencias centrales. Busca soluciones.

Recuerda que nada está escrito, porque existe el libre albedrío, y que puede ser que tengas la tendencia a cojear de un pie o caer por algo o alguien... a mí me cuesta que las cosas no me afecten. Pero YO DECIDO qué sucede en mi vida, quiénes entran porque son buenos para mí, quienes salen porque terminaron de cumplir su función o me hacen daño, y por sobre todo, YO DECIDO CÓMO ME SIENTO Y QUÉ HARÉ respecto a lo que me pasa.

Y hoy, a pesar de que he llorado como hace meses no lo hacía, no voy a hacerme daño, no voy a alimentar en base de repetición y profecías autocumplidas esas creencias horribles que tengo sobre mí misma y mi futuro. Esa creencia de que como no soy nadie, no me va a llegar nada bueno, alimentada por las cosas que perdí y ciega ante las cosas hermosas que SÍ tengo conmigo.

Hoy, a pesar de que he llorado, voy a dejar de angustiarme y voy a OCUPARME por crear mi futuro.

Este es el camino que he estado tomando estos años, y a lo que me debo aferrar para no caerme.

El camino de la Fe, de que el Universo tiene algo bueno para mí también, en que yo construyo mi felicidad. Y en que me faltan demasiadas cosas sólo si me fijo en lo que me falta, pero tengo demasiada suerte y demasiados privilegios si miro lo que tengo.


lunes, 24 de abril de 2017

13 reasons why

ADVERTENCIA: Este post contiene información acerca del suicidio que puede herir tu susceptibiildad. Te sugiero que si tienes pensamientos suicidas, leas a partir de la parte separada por ***.


Había separado mi fin de semana para leer un libro para mi tesis, pero enfrenté a mi hermana. Yo sabía que no podía seguir con la ley del hielo. No le pedí disculpas por defenderme la última vez que me trató mal, que es lo que ella estaba esperando para volver a hablarme, así que no funcionó. Ya hemos tratado de llegar a acuerdos antes, de mejorar las cosas, de comunicarnos, y no se puede. O no es el momento. Creo que ella no va a comprender, porque no está en capacidad. O vemos las cosas muy diferente. O simplemente es más orgullosa que yo. El punto es que me puse muy mal, y por eso me puse a escribir el post anterior (que, milagrosamente, ha recibido comentarios, los cuales me sorprendieron, agradezco infinitamente y me motivan a escribir una vez más). Sí, la catarsis fue después de confrontarla por la bendita ley del hielo (que aún continúa, y ahora peor).

Mi catarsis sabatina me llevó a dejar de lado mi tesis. Mi cabeza estaba llena de pensamientos muy negros, que no tenía desde hace mucho tiempo. Mi mente vagabundeaba en mi época suicida, recordando sensaciones, recordando imágenes. Y eso me llevó a recordar que medio mundo estaba obsesionado con la bendita serie "13 reasons why". "Que la chica es muy exagerada", "que la serie es buenaza", "no, es muy lenta". No tenía ganas de engancharme, tengo que leer, me separé el fin de semana para eso. Sólo veré la escena del suicidio, me dije. ¿Qué tan explícita podía ser? Así que abrí youtube y la busqué. Fue facilísimo. Y la ví. Y me impactó, pero también me pareció irreal.

Porque yo misma me he tratado de suicidar cortándome las venas y no es tan fácil.

Lo admito, esa escena me llevó, sin querer, a ver el resto de la serie. Eran las 3 de la mañana del domingo y decidí ver sólo el principio, para entender qué onda con 13 reasons, "Un capítulo por día"; me dije. Sí claro. 6 y media de la mañana y recién cerré los ojos, para abrirlos a las 10 y media, leer un par de páginas de mi libro y volver a enfrascarme en la serie hasta la noche.

Recién hoy la he terminado.

Mi política ha sido no hablar de estos temas fuertes porque no quiero herir susceptibilidades. Pero estos días yo me siento susceptible, y siento que necesito volcar esta sensación de herida en el pecho en alguna parte. Pienso que mi blog es seguro, y espero, de verdad, que lo que diga no influya negativamente en nadie.

Porque de eso trata la serie, de cómo lo que alguien hace puede afectar a otros. El efecto mariposa.

No voy a contar nada de ella, sino cómo me afecta a mí. Porque sí que me afectó.

Han sido días en los que, sin querer, he tenido muy presente mi cicatriz de mi pasado depresivo. No lo pongo entre comillas porque quiero que siga siendo eso, pasado. Hubieron situaciones en el instituto que me hicieron hablar del tema, y sin querer, otras personas se enteraron. Aún debo hablar de la depresión en un trabajo de grupo. No está siendo muy fácil para mí dar la cara, pero estoy tratando de ser fuerte. Después de todo, no debería avergonzarme, le pasa a cualquiera. Sin embargo, se me ha sumado con saber que una compañera también pasó por esto, y que alguien de mi trabajo está jugando con fuego, y "como yo ya lo superé" soy candidata para ayudar.

¿Realmente estoy preparada para ayudar a alguien que pasa por depresión y/o trastornos alimenticios, cuando una serie que habla del suicidio ha despertado en mí esa sensación existencialista que lo cuestiona todo, incluso las cosas buenas que tengo?

Estoy vulnerable. Mucha gente, incluída yo, no logra superar jamás al 100% estos problemas. Tenemos semanas fáciles, meses felices, temporadas sin fantasmas. Aprendemos habilidades que nos permiten salir adelante cuando nos sentimos mal, a darle la vuelta a la tortilla y no seguir nuestros impulsos autodestructivos. He vivido la oscuridad, y también la luz, y es natural que, cuando la oscuridad está presente, sea más difícil apreciar la luz. Porque la oscuridad es acogedora, y en muchos casos, un vicio. Una adicción, algo que te acompañó por tanto tiempo que cuando percibes atisbos de ella, la recibes con miedo, pero con cariño.

Mi primer intento de suicidio fue a los 14. Mis brazos siguen llenos de cicatrices, aunque felizmente menos notorias. Inocentemente, jamás le di al blanco y me quede en a superficie, pensando que era suficiente al principio, y luego, usándolo como una especie de desfogue porque me di cuenta de que no era lo suficientemente cobarde como para ir más al fondo. Mi instinto de supervivencia es fuerte, y no es tan simple suicidarse, el dolor es fuerte.

No he venido a satanizar la sierie, ni dar detalles (acabo de borrar un párrafo explícito). Creo que la escena no es del todo real. Pero creo que las situaciones que rodearon a la protagonista fueron lo suficientemente fuertes como para generar una depresión fuerte, y su manera de narrarlo, tan precisa, que me sorprende.

No me siento identificada con el personaje. Soy muy diferente ahora. Pero puedo decir que me sentí así durante muchos años, cuando era niña. Quise desaparecer por problemas económicos, por soledad en casa, por soledad en el colegio, porque no me sentía atractiva, porque me daba miedo ser mujer en una sociedad tan machista y agresiva, porque no veía ninguna fuente de luz en ninguna parte, y cuando la buscaba, me sentía defraudada. Comprendo a Hannah. Y también comprendo una parte, la racional, la de los personajes que la rodearon. Y ahora, como adulta, entiendo cómo hacer. Qué hacer, cuando se está en esa bañera.


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Yo sobreviví. Quise morirme, y aquí estoy, aún sin saber para qué, pero buscando una misión nueva que me llene (porque la que había encontrado está a punto de acabar). Porque la vida no se trata de encontrarle un sentido para poder vivirla, sino vivirla para que, en el proceso, hallemos un sentido que nos mantenga ahí. Lo he encontrado varias veces, y varias lo he perdido. Y así se anda, a veces bien, a veces sin ganas de salir de la cama.

A mí me cuesta. Porque es difícil vivir con depresión, es difícil saber que existe un estigma en la sociedad que hace que, de alguna manera, seas inferior para muchos; es doloroso que mucha gente se aparte de una porque considera que eres "problemática", "exagerada", "inmadura", que se cansen de estar ahí para tí en tus peores ratos a pesar de que te prometieron que nunca te iban a dejar. La gente falla. Las personas no somos perfectas y es normal (y triste) que te dejen. Sí, pues, lastimosamente mi cuerpo está enfermo. Pero es posible, ¿saben?, es posible encontrar la manera de que el corazón sea más fuerte que la mente.

Un momento clave en mi vida fue cuando terminé con mi ex. Porque estaba enferma, en ese entonces. Porque, a pesar de sus advertencias, yo seguí prefiriendo estar mal, y jugaba con fuego. Al final, se cansó. Y con justa razón, tenía todo el derecho. Pero, en vez de que esa situación fuera leña para avivar mi llama depresiva, dejé la madera a un lado, y decidí contemplarla. Llorarle. Tocarla, acercarla a la chimenea, pero dejarla fuera. Porque jamás había vivido una situación tan fuerte en la que me tocara estar sola. Y porque jamás me había demostrado a mí misma que era lo suficientemente madura como para no caer por "cualquier cosa" (aunque esto no era cualquier cosa, era perder a un ser amado), decidí que era un buen ejercicio para comenzar a desarrollar la habilidad de, en vez de hundirme más, levantarme. Me harta un poco hablar de esto porque ya pasó (si él leyera esto se jalaría de los pelos jajajaja ¡ha pasado tanto tiempo!), pero lo uso para graficar la situación.

Y es que uno elige cómo sentirse, es decir, cómo reaccionar ante las cosas que suceden.

Yo tomé decisiones similares a las de Hannah, me corté y sangré, dejé de comer, vomité, me autoinfligí dolor físico de varios tipos, porque no conocía otra forma de protestar. Hablar era imposible para mí, y claro que traté de hacerlo en algún momento y tampoco me ayudo mucho. Porque no fue la persona correcta, porque no estaba preparada para atenderme, porque yo no sabía expresarme bien y metía más la pata, porque no era el momento de ver la luz. Me defraudaron, y yo lo usé como excusa para sentirme más sola. Yo reaccioné así hasta mis 22 años (y un poquito más después) porque no conocía otra manera de reaccionar. Porque estaba atrapada en el drama, en el dolor, en la enfermedad, en la oscuridad. Porque no veía salida. me hice daño de mil y un maneras.

Hasta que conocí la luz. Y decidí seguirla.

Y no, no hablo de ninguna religión, sino de un estilo de vida y de pensamiento.

Yo no vengo a vender ninguna terapia, pastilla mágica o cura milagrosa, porque todos somos diferentes. A mí me funcionó internarme, absorber todo lo positivo que de ahí podía sacar, y posteriormente, hablar. Enfrentar mis miedos, encarar mis situaciones, caerme si era necesario y volver a levantarme a volver a intentar. Hice yoga, medité, salí con amigos, tuve novios, trabajé, me sentí útil e inteligente, estudié, y todo eso, TENER UNA VIDA, tener algo más en qué pensar y de que ocuparme, me ayudó a sentirme bien y encontrar amor. Porque al final, eso es lo que más ayuda: el amor.

El amor salva, el amor cura, el amor transforma, el amor es la solución a la oscuridad.

No soy la persona que más se quiere, y de hecho, ahorita mismo estoy pasando por un bache de no querer comer bien, y de tener pensamientos suicidas. Lo admito, me avergüenza pero lo admito: me he estado cuestionando mi vida. A estas alturas en que "ya lo he superado", no tengo a quien acudir, exactamente. Ya hablé con mi novio, anoche, y me sentí mucho mejor, porque me ayudó a entrar en razón. No le conté nada explícito (ni siquiera le habl'e de la serie) porque sé hasta qué punto él comprende estas cosas, pero entendió que, en estos momentos, necesitaba de su presencia, y se quedó conmigo toda la noche. Me ayudó infinitamente el saber que existe amor a mi alrededor. Que hay gente, poquitita, pero hay, quienes me quieren. Mi mamá está de viaje, así que es complicado, pero sabe, desde las cosas que pasaron con el instituto, que no estoy del todo bien. Hoy terminé la serie y vuelven a mí esos cuestionamientos existenciales. La diferencia con la Cristal de hace 7 años es que ya pasé por ahí, ya salí, y tengo, más o menos, una idea más amplia del panorama.

No una solución definitiva. Pero sí algunas cosas que puedo hacer, mientras tengo más claro lo que quiero.

La decisión es difícil, porque aún hay algo de mí que tira para lo triste. Es parte de mi personalidad. No quiero justificarla, pero a veces la encuentro. Pero como me dice Él, "yo decido, si quiero ser feliz, o si quiero el sufrimiento". He venido escogiendo la primera opción por mucho tiempo, a veces pienso que me toca sufrir, pero también soy consciente de que si sufro, no soy capaz de hacer las cosas con las que ya me comprometí, y tengo tanto terror a fallar que de ahí me agarro. A veces la inercia puede ser el primer paso.

Tengo una amiga que la pasa peor que yo. Que siempre me cuenta sus problemas, que tiene una mente aún más jodida que la mía para ciertas cosas (la mía le gana en terquedad). Y sé que esto va a seguir pasando, y pasándome, ad infinitum, hasta que me toque morir. ¿Por qué no terminarlo todo, entonces?

Porque no se puede.

No es la salida.

Busca excusas, las más inverosímiles, si quieres, la que sea que te ayude a seguir viva. A mí me sirve pensar que, no se burlen, cuando uno se suicida no es capaz de subir a la luz, y el sufrimiento no se acaba, sino que se queda ahí, con uno, flotando en el limbo, por haber rechazado el regalo de la vida, el regalo de tener la posibilidad de mejorar. Me sirve creer, y estoy segura, de que matándome no termino mi sufrimiento, al contrario: lo eternizo, porque sólo se puede terminar el dolor en este mundo, no en el otro, y si no estoy viva, no puedo hacer nada por él.

Incluyo en la razón anterior que he comprobado, cuando he estado en la luz, que ese deseo de morir no es exactamente eso: desear morir significa desear ya no sufrir. Desear alejarse, escapar, descansar, sentir algo positivo, algo que me genere bienestar y que no sea el bienestar de la conocida tristeza. Bajo esa premisa, desear morir en realidad significa desear cambiar las cosas. ¿Se pueden cabiar las cosas estando muerta? NO.

Una vez que estoy convencida de que el camino no es la muerte, encuentro maneras de no hacerme daño. Porque ok, podemos entender que el camino no es desaparecer, pero bien que satisface cortarnos, o tomar pastillas (no las suficientes como para morir pero sí como para dormir varios días o necesitar un lavado de estómago), o drogarnos, emborracharnos o jugar con miles de situaciones riesgosas. Gracias a Dios no tengo un desorden de la personalidad limítrofe, pero tengo una amiga que sí, conozco a gente que sí, y sé lo que sienten, y sé la facilidad con la que caen en estas conductas. Y ese es otro de los retos: parar. Quedarse quieto. No hacer nada.

Cuando tengo ganas de hacerme daño, de no comer, de vomitar, de cortarme, simplemente me quedo en mi cama. Pulso el botón de apagado. Ni siquiera agarro mis pastillas, podría dormir toda la noche con un par de ellas, pero no están permitidas en el juego. Porque es eso, un juego. Si lo tomo como tal, como un reto, como un juego, funciona mejor. Así que no, no pastillas. Cualquier cosa que me ayude a dormir sin pensar mucho: entrar a facebook, jugar juegos de video o en mi celular, mirar el techo, hasta que no doy más del aburrimiento y me quedo dormida. Estoy puede durar días. Si no me dan ganas de comer, no lo hago. Nadie muere por saltarse uno o dos días la comida. Y en mi caso, ya no llego a eso, porque ya no soporto la debilidad y termino cediendo. Sintiéndome mal pero cediendo. Parte del reto es no vomitar, así que si como, es algo que sé que no vomitaré.

Puedo pasar algunos días así, faltar a mis clases, no ver a nadie. Por suerte, me dura poco. Porque tengo muchas cosas que hacer. Al día siguiente recuerdo que tengo que ir a clases, o dar clases, o tengo show. Así que me levanto. "Pucha, debo tomar mis antidepresivos. ¿Lo bueno de tomarlos? Me mantengo con vida. ¿Lo bueno de no tomarlos? Caigo más en el hoyo. Yo decido. Los tomo, no puedo darme el lujo de morir. Pero para tomarlas, necesito comer, así que tomaré desayuno". Así, pasito a pasito, tomando decisiones simples pero cruciales, voy saliendo de mi cama, haciendo las cosas que emocionalmente me siento capaz de hacer, y así voy agarrando fuerza.

Porque las cosas que pasan en la vida, cuando uno está bien, refuerzan la sensación de bienestar, y ayudan a seguir adelante. El círculo vicioso de la oscuridad es comparable con el círculo vicioso de la luz: ambos se retroalimentan. Así, ya haciendo cosas rutinarias, soy capaz de hablar. Se me nota cuando estoy mal porque no vivo sola. Y si lo hiciera, he agregado a mi sistema salvavidas un botón de alarma: aprendí a pedir ayuda.


Esta parte es importantísima, porque cuando uno no tiene amor propio dentro de sí para darse, es el amor de los demás del que podemos nutrirnos. Pero hay que saber de quiénes pedirlo, cuándo y cómo. Eso también se aprende. Hannah tenía unos padres maravillosos, y su error estuvo en no contarles nada. Ellos pudieron ser sus salvavidas, no Clay, no ninguno de sus amigos. Sus padres, que la amaban no importara qué. TODOS tenemos a alguien, sea nuestra mamá, papá, hermanx, amigx o pareja. Siempre hay alguien en el mundo, aunque sea una persona, a quien le puede afectar muchísimo lo negativo que te pueda pasar. SIEMPRE. Y si no hay nadie cerca, están los desconocidos de los foros de ayuda. Y por último, están los psicólogos.

Y ahí hago un apartado especial: no todos confían en psicólogos porque piensan que nos lavan el cerebro. Bueno, yo te hago una pregunta: Si no fuera necesario a veces un lavado de cerebro, una limpieza de toda la basura que nuestras mentes pueden generar, ¿por qué existen entonces? A mí me han fallado mis psicólogos de cuando era niña. También un par de psicólogas del internamiento. Pero uno de ellos, uno de entre varios que me atendieron en el transcurso de la vida, fue capaz de agarrar mi mano, comprender mi mente y empujarme hacia arriba. Es cosa de intentar, y de seguir intentando hasta lograrlo.

Igual con las pastillas. Tengo la gran suerte de que existen unas que me hacen bien y no fue necesario buscar demasiado (Aunque, soy sincera, en situaciones como ésta me pregunto si hay algunas que puedan ser mejores, porque se supone que no debería entrar tan profundo en la oscuridad si las estoy tomando). Hay personas que lastimosamente no tienen la misma suerte que yo y dejan de creerles, porque no les han hecho el efecto que esperaba. Ese es un misterio que a mí me duele y me genera culpa ("¿Por qué yo sí y otros no?"), pero ese es un problema mío que no debo escuchar. Una táctica más de mi mente tramposa para sentirme mal y meterle leña al fuego. Lastimosamente, amigos resistentes a la medicación, hay que seguir intentando. Buscar nuevas pastillas, darles oportunidad a más cosas, y probar. Sí, debe cansar. Sí, debe ser difícil y doloroso. Pero existen formas de salir adelante.

Y si no es con pepas, entonces con electricidad, con magnetismo, con Reiki, con Yoga, con alimentación, con deporte, con lo que sea que te genere endorfinas, que te genere bienestar con el tiempo. Ojo, no se trata de hacer una sesión y decidir, porque así no funcionan estas cosas: hay que estar un tiempo con la terapia que decidas para ver los efectos. Nada es inmediato.

Por esta razón, acepté a mi corazón comprarme una torta de chocolate para terminar de ver la serie, por esta razón, me paré hoy de mi cama, y por estas razones, me tengo que ir a animar un cumpleaños. ¿Cómo puedo hacer felices a los demás si yo no me siento así? Pues no lo sé. Al principio me cuesta, al principio sigo mal. Pero he aprendido que, ocupándome, mi mente se distrae, y puedo cambiar mi estado de ánimo. Como decía mi psicólogo, "primero es la acción, y luego la motivación".

Y como dice mi novio, "recuerda que quien toma las decisiones es tu corazón, no tu mente. Tu mente te va a meter cabe siempre que pueda, te va a poner excusas, te va a hacer todo más difícil; tu corazón nunca se va a equivocar, porque el corazón siente". Y sentir paz, sentir alegría, sentir amor genera bienestar aquí y en la china.

Por último, 13 razones para seguir viva, así sean pequeñas:

1. Porque no quiero vagar en la nada y sufrir sin poder parar. Quiero poder seguir evolucionando.

2. Porque le haría mucho daño a mi mamá, hermanos, novio y amigos. Y si me cubren los medios, a otras personas vulnerables.

3. Porque quiero morir por causas naturales, no por mi propia mano.

4. Porque quiero experimentar aún muchas cosas, como estar embarazada, enfermarme gravemente o envejecer.

5. Porque quiero viajar y conocer otras caras del mundo.

6. Porque quiero conocer muchas cosas, leer muchos libros.

7. Porque quiero jugar Zelda.

8. Porque quiero ver crecer a mi familia, amigos, etc.

9. Porque quiero ser reconocida por algo bueno que hice en la vida.

10. Porque quiero tener anécdotas que contar a mis hijos y nietos, enseñarles cosas de la vida.

11. Porque quiero tener una carrera profesional (al menos).

12. Porque quiero amar por mucho tiempo a una persona.

13. Porque, en el interin, quiero aprender a amarme más constantemente y seguir haciendo cosas que me gustan y me salen bien para seguir sintiéndome bien conmigo misma.



sábado, 22 de abril de 2017

Consecuencias a largo plazo de la anorexia y la depresión


¿Alguna vez, queridx lectorx, te has puesto a pensar en qué consecuencias tiene una enfermedad mental/emocional a largo plazo?

Es decir, todos sabemos qué causa tener depresión, y que los trastornos de la alimentación se basan, en parte, en lo mismo.

Y también hemos escuchado muchas historias acerca del desgaste físico que causa la mala alimentación y la tristeza, desde debilidad general y "tendencia a enfermarse", como en mi caso, hasta el desarrollo de cánceres, que si bien no está comprobado al 100% científicamente de que tienen una causa emocional definida, sí hay estudios (y un psicoanalista me dijo hace unos días) que dicen que el estrés causa mutaciones que generan cánceres in novo (Olviden este término, ya no se me da bien hacer de doctora. Ahora mi rubro es otro).

Pues bien, todos sabemos que la mente y emociones influyen en el cuerpo... pero, ¿qué tanto influye una enfermedad de este tipo en el resto de cosas de tu vida? Es decir, vamos, no todo es el físico, y hay muchas áreas que se ven afectadas por estas cosas. Si no lo crees, pregúntate: ¿De qué manera afecta mi "estilo de vida"/enfermedad en los aspectos de mi vida que no son mi salud? Y ahí te darás cuenta de la gran cobertura de estos asuntos y de lo mucho que influye en tu desempeño escolar, laboral, y en tus relaciones, desde el no querer ver a nadie y evitar situaciones sociales para no tener que enfrentar a la comida... hasta hacerle daño a otras personas, sin querer.

Hoy, amigos, les voy a contar una historia. Una historia muy personal, una muestra de cómo te puedes cagar la vida metiéndote en sacos de once varas pensando que "desaparecer" es la solución de todo, y al final terminas cagándole la vida a alguien más. Porque así son estas enfermedades, te afectan en todos los aspectos de tu vida, en diferentes grados, hasta que te lo pueden quitar todo. Incluido el amor de una persona.

Y no lo hago por victimizarme. Lo hago porque recién hoy, 22 de abril del 2017, he sido plenamente consciente de la magnitud de este problema, que no puedo contar a nadie de mi entorno, al menos ahora y así, porque no lo van a comprender del todo, recién tengo cita con el psiquiatra el 1 de junio, y necesito sacarlo para observarlo bien. Sorry, tesis, tendré que avanzar de madrugada.

Yo tengo una hermana menor. Una hermosa y buena hermana menor. Desde pequeñas se empezaron a notar las diferencias entre ambas: mientras yo era callada y sumisa, ella era la alegría andante. Yo cantaba, pero ella hacía bulla. Yo jugaba, pero ella era el juego hecho persona. Tenía un carácter fuerte, si yo hacía algo que a ella no le parecía, me decía "tú, tala", que significa "mala". Eso me hacía sentir mal, vamos, que una niña de 3-4 años no sabe procesar bien que le digan cosas así, no las entiende, y termina creyéndolas. Por mucho tiempo creí que yo tenía algo malo innato en mí, pero ese es otro tema que ya superé. Yo sé que no soy mala. Bueno, el caso es que crecimos siendo las mejores amigas del mundo. Jugábamos a la casita, a las barbies, dormíamos en el mismo cuarto, jugábamos a las princesas, a que teníamos poderes mágicos... Éramos uña y mugre. Hacíamos todo juntas, hasta nos vestíamos parecido. Lo único que nos separaba eran nuestros temperamentos, el mío fácil, nervioso e introvertido, el de ella, un poquito explosivo, extrovertido e independiente. Ella tenía un par de amigas en el barrio y era aguerrida como un niño, no le molestaba ensuciarse y jugar rudo. Era una preciosa de ojos celeste cielo y cabello amarillo fuerte. Hasta me cuidaba en los recreos, cuando las niñas mayores me molestaban. Su personalidad salía por sus poros, mientras yo trataba de agradar a todo el mundo.

Fuimos creciendo, y pasaron muchas cosas, muchas, que nos afectaron a las dos. Es inevitable, es el curso de la vida pasar por situaciones difíciles. No me da pena, ya no. De hecho, pienso que la he tenido más fácil que millones de personas. Sin embargo, nada puede evitar que uno desarrolle depresión, ansiedad o trastornos alimenticios si tiene predisposición a ello y el ambiente lo propicia. Pues bien, yo empecé a dejar de querer jugar a las barbies, pues ya estaba creciendo, mientras ella me pedía que jueguemos. Yo la empecé a rechazar. Simplemente no me provocaba. Prefería encerrarme en mí misma, ver tv, leer, total, "ella tenía otras compañeras de juego y yo no importaba tanto". No me daba cuenta de que yo era irreemplazable.

Esto no es Frozen, amigos, esto es la vida real, y con un final triste, no como el de la película.

Cuando mi depresión empezó a crearme un hoyo en el pecho, y mi primer episodio de anorexia me comía el alma, yo fungí de hermana mayor muy bien. Tenía 12-13 años, y era perfecta. Mi hermana lloraba a veces, en su cama, y yo podía ir y consolarla, haciendo de oídos sordos lo que mi propio corazón me decía. Estábamos pasando por problemas familiares muy complejos y había una gran sensación de soledad en la casa que nos acompañaba a todos. Recuerdo sentarme en la cama de mi hermana, poco menos de dos años menor que yo, y acariciarle la cara hasta que se relajaba y se quedaba dormida. Me sentía bien, útil. No necesitaba nada, ni siquiera ropa, ni siquiera comida, ni siquiera agua. No necesitar equivalía a no merecer. Y conforme ese no merecer creció y yo me acerqué a los 15 años, me convertí en la peor versión adolescente de mí misma. Me cerré por completo. La verdad, no recuerdo muy bien esa época, porque mi mente estaba en otro lado. Sólo sé que no sólo me restringía la comida, sino que me alejaba de las fuentes de cariño, de lo que me humanizaba. Entre ellas, mi hermana. Ella también la pasaba mal, a su manera, y sus reacciones empezaron a ser muy fuertes. Hasta que, de pronto, empecé a desarrollar manías y no toleraba estar cerca de ella.

Así de simple: no la podía tocar. Me daba la sensación de que todo lo que ella tocaba estaba contaminado por su energía. Mi percepción estaba al límite, todo me afectaba, y, en mi cabeza, su temperamento parecía apoderarse de las cosas. Estábamos en una época sumamente difícil, lidiando con cosas muy fuertes, y mientras ella se desesperaba por acercarse a mí, yo luchaba por alejarme de ella. Así de simple: tú tocas eso, yo lo tengo que limpiar o coger con algo de alguien más para no sentir tu energía, que es tan fuerte que no la tolero. Tú te bañas antes que yo, yo no puedo usar la ducha ni 4 horas después porque tu presencia sigue ahí; tú te sentaste en la computadora, yo pongo ropa sucia de nuestro hermano mayor para que aplaque tu sensación en el asiento; te sentabas a mi lado en la movilidad del colegio, me arrimaba lo máximo posible para ni siquiera tocarte y rozaba las partes que tuvieron contacto contigo con objetos como la puerta del carro, o la pared, u otra persona, para limpiarte de mí. Mientras mis otras manías iban cediendo, ésta fue creciendo, al punto de que ya no podía ni escucharla: ni su voz, ni los ruidos que hacía al comer, o al pasar sus dedos por los objetos, o al utilizar objetos como el tenedor sobre su plato, o al respirar, hablar o cantar (Muchos años después me enteré de que eso se llama Misofonía, dale click para aprender un poco más sobre éste trastorno. Esto me sigue pasando, en menor intensidad, y con otras personas). Bueno, pues: ¿Cuál creen que fue mi reacción? CALLARLA. Decirle, primero intolerante pero reprimida, luego a gritos y violentamente, que se callara. Que no hiciera ruido. Que se quedara quieta, que no respirara, que no existiera.


Nadie de la vida real es capaz de recibir la basura de una persona enferma sin terminar afectándose de alguna manera. Nadie. Anna le aguantó a Elsa su lejanía porque es un personaje de dibujo animado, y si fuera de la vida real, porque sus papás le dieron la contención emocional que necesitaba y aprendió desde niña a manejar el rechazo sin mermar su aprecio por su hermana ni su propia autoestima.

¿Se imaginan lo que es que la persona en la que más confiabas, tu referencia, tu hermana mayor, te aleje de esa manera? Ella no era como yo, que se hacía una bolita, lloraba y se autoflagelaba para castigarse: ella me devolvía la agresión con más agresión. "¿Sabes qué?, ¡MÁTATE!", fue lo que desencadenó mi primer corte en las muñecas. En ese momento pensé que tenía razón, y que de verdad quería que me muriera. En ese momento de verdad quería morir, y pensé que era posible haciéndolo así. Muchos años después me di cuenta de que no lo decía en serio, pero el daño estaba hecho. Mi mente se había encargado de recibir e interpretar esas palabras de la manera que le convenía. Ahora comprendo que ella no tenía otra forma de defenderse ante tanta hostilidad. Yo me había convertido en un demonio, era realmente incontrolable, a veces tenían que cogerme entre mi mamá y mi ex-padrastro para prácticamente exorcizarme a punta de limpiezas energéticas tipo Reiki, palo santo y música de Enya en el fondo, mientras yo me retorcía de una rabia y dolor increíbles. 15 años, no tenía idea de nada, no sabía manejar mis emociones, estaba muy enferma, atentaba contra mi vida de mil maneras... entre ellas, rechazando el amor.

Recién de adulta me di cuenta de que el amor era lo que no soportaba, porque no tenía ni un poquito en mi corazón, y cada vez que se acercaba alguien a mí con algo de amor, yo me alejaba como espíritu maligno cuando le acercas la cruz. Eso es lo que pasa cuando alguien está en medio de la oscuridad: no aguanta lo positivo. No tolera las muestras de cariño, no es capaz de entender que hay algo más allá de lo que le pasa.

Mis síntomas eran tan fuertes y evidentes que mi mamá aterrizó un poco y decidió que necesitaba ayuda psicológica. Obviamente, yo la rechazaba. Pero terminé escuchando un poco y aplacando mi ira, y así dejé algunas de mis conductas autodestructivas y volví a sonreír y ser "normal". Pero el daño estaba hecho: mi hermana lloraba por todo, gritaba, reaccionaba muy fuerte, ya no brillaba como cuando éramos niñas. No me hablaba, yo tampoco a ella, casi. Yo estaba demasiado ocupada con mi mundo interno como para mirarla.

Pasaron varios años y tantas situaciones como oportunidades para que sucedan cosas. Me gradué del colegio con honores, me pagaron el caro viaje de promoción (creo yo, por miedo a que vuelva a atentar contra mi vida si no iba), me inscribí en la universidad para estudiar medicina, fingiendo aún que yo estaba bien y que mi familia tenía la capacidad de mantenerme, con esfuerzo, ahí, porque me querían, porque lo merecía y porque era la manera de asegurarme un futuro mejor. Lo cierto es que mientras yo empezaba a tener una vida sin casi tener conciencia de lo que significaba, mi hermana, deseosa de vivir, era olvidada por mis papás. No se graduó, porque no había plata, porque me la daban a mí, para que yo esté bien. No pudo inscribirse en una universidad, porque la mía y la de mi hermano mayor eran muy caras (aquí en Perú la educación superior privada es mejor a la estatal, y "hay que ir a la universidad para ser alguien en la vida"). Se pasó un año tirada en el sofá, comiendo y viendo TV, y en vez de mirarla y preguntarle cómo estaba, yo maquinaba mi siguiente ayuno o atracón. Ella tuvo atención psicológica por poco tiempo, nunca estuve segura si lo dejó porque no le ayudaba, o porque creía que la psicóloga era mala, el caso es que se quedó en el aire, y tuvo que agarrarse de lo que podía: la cocina. Mi papá le pagó un curso de un mes de fotografía, luego se puso a trabajar en starbucks, y luego se volvió a tirar al sillón y posteriormente, a su cama, a ver tv, películas, y comer.

Desde pequeñas, yo guardaba lo que pensaba y no lo expresaba, ni siquiera sabía hablar para defenderme. Mi caparazón era blando. En cambio, el de ella estaba lleno de púas, su lengua era un cuchillo bien filudo que daba en la parte más dolorosa. Se defendía con violencia, sarcasmo, echando culpas, sintiendo pena por sí misma.

Volví al hoyo, esta vez más profundo, y me convertí en la peor versión adulta de mí misma. La agredí indirectamente con mi enfermedad. Ver consumirse a alguien que amas no es lo más sano ni divertido que puede haber. Ella callaba, sabía que no podía acercarse mucho, sólo podía mirar, llorar en silencio por mí, y, evidentemente, defenderse como sabía cuando algo pasaba. Con agresividad, con culpas, con sarcasmo. Porque no conocía otra forma. Me internaron. Ella, nuevamente, se tuvo que olvidar de lo que quería para que yo pudiera revivir. Quizás yo cedía en los pleitos para que ella ganara, pero en la vida, ella me cedió la preferencia, para que yo no me muriera por mis propias manos. Toleró lo mejor que pudo que yo me coma su comida para vomitarla al rato, toleró que desperdicie el dinero y cansara a mamá y a mi entorno con mi agujero negro, lo toleró lo mejor que pudo. Fue fuerte, no me imitó, aprendió que yo no era un buen ejemplo a seguir, decidió echarle la culpa de todo a papá, me limpió de polvo y paja. Dejó de pedir cosas para que hubiera dinero para pagar mi comida especial, medicinas y terapias. Y salí airosa. Ella sonreía, esperando que sus esfuerzos hayan valido la pena y hubiera, por fin, recuperado a su hermana, con la que reía, saltaba en la cama, le hacía cosquillas y jugaba.

Pero se equivocó.

Quien salió del internamiento, año y tres meses después, fue una Cristal completamente diferente. Ya no era un agujero negro que absorbía todo, lo convertía en oscuridad y se hacía más grande, era una hoja en blanco en la que se había comenzado a escribir una historia rara que mi hermana no entendía y en la que casi no formaba parte. Y aquí viene mi justificación: empecé a ser consciente de que las cosas estaban tan mal en mi casa, que si yo seguía sus reglas, iba a volver al hoyo. Yo pensaba que cuando saliera, mi familia también iba a estar "recuperada", que mis hermanos y mis papás iban a cambiar, a perdonar, a dejar ir lo malo, que mi tratamiento, de alguna forma mágica, iba a alcanzarles a ellos también. Pero, al igual que mi hermana, me equivoqué. Así que creé mis propias reglas del juego: decidí que, en vez de esperar sentada algo de mis papás, yo iba a conseguir las cosas por mí misma. Decidí crecer, decidí vivir, y para eso, también decidí hacer oídos sordos a los regaños casi diarios porque "no estaban de acuerdo con cómo estaba llevando mi vida", y hacerme la ciega frente a mi hermana, cada vez peor, ahora afectada físicamente por su sobrepeso, y con heridas emocionales profundas de las que nadie, ni mi mamá, se atrevió a curar porque ella es un gato arisco que rechaza toda ayuda con excusas, llantos y puertas más cerradas que las mías.

Si yo estuve mal, al menos fui el "tubo de escape" de mi familia, me prestaron atención y logré recibir y aceptar ayuda. Ella no. Ella siempre estuvo bajo mi sombra, perfil bajo, segundo puesto.
Hoy yo estoy por cumplir 29 años, siento que me falta mucho por lograr y siempre que me comparo me siento menos que el resto, pero sé que teniendo pena de mí misma no logro nada, y desde que estoy con mi novio actual, mi actitud hacia la vida es más positiva, soy más fuerte, estoy más dispuesta a crear un futuro bueno para mí, con MIS reglas del juego, porque sé que seguir las reglas de mi casa significa enfermarme.

Ella no. Ella sigue tirada en su cama, cocinando cosas que le hacen daño, viendo TV y películas todo el día, durmiendo a cualquier hora, sin estudiar, sin trabajar (porque siempre hay una excusa para que no pueda), sin hacer otra cosa que sufrir sin darse cuenta. Sus actividades consisten en ir dos veces por semana a comprar la comida, vivir en torno a lo que decide su novio, salir con él, de vez en cuando ver a sus amigos (en eso me gana, yo sigo prefiriendo la soledad), y regañar. Regañar y criticar mucho. Su agresividad ha mejorado mucho, aprendió a cuidar más sus palabras, pero cuando discutimos (que es algo muy usual) se le sale el resentimiento que me tiene. Por no haberle prestado atención. Por no haberla querido como ella necesitaba.

Mi hermana no tiene las herramientas emocionales y actitudinales que "tiene" Anna. Mi hermana se cansó, hace mucho tiempo, de tocarme la puerta para jugar con la nieve. Yo logré alejarla y convertir mi corazón en hielo para ella.

Van como 3 semanas en las que no me habla. Discutimos a principios de mes, por cosas del día a día en las que discrepamos. Somos como el agua y el aceite, cada quien en su mundo, pero mientras yo me ocupo de mí y trato de no preocuparme por los demás porque sé que me afecta y me puedo sentir tan mal que me puedo enfermar, (esa es la manera en la que aprendí a defenderme y gracias a la cual ahora soy funcional, trabajo, estudio, vivo), ella no se ocupa de sí misma y se preocupa por todos de manera casi excesiva, marcando, siguiendo y corrigiendo como una mamá, porque sabe que mamá y yo somos más vulnerables. Ella se mantiene de pie como un árbol, pero uno de corteza dura, podrida, que sangra. Un árbol al que sigo sin prestar atención.

Ya había notado que ella no me acepta. Que si fuera posible, se iría de la casa, para no tener que aguantar(me)(nos) y todo lo que estar aquí conlleva. Siendo sincera, yo también pienso igual. Mi casa no es un hogar, por eso no paso mucho tiempo aquí. Más allá de las responsabilidades, nadie es capaz de arreglar la situación. La mala comunicación es el pan de cada día, y no hay fuerza hasta ahora que haya logrado mejorarla.

Yo no soy perfecta. Soy muy perfeccionista con mis cosas pero muy descuidada con mis relaciones interpersonales. También vivo un poco en torno a mi novio porque, de alguna forma, prefiero su realidad a la mía. Soy un poco más consciente de mí misma, de lo que hago y para qué, y lucho, sí, la lucho, todos los días, para levantarme, comer, tomar mis antidepresivos y hacer mis actividades. Si por mí fuera haría lo que hace mi hermana, porque es súper cómodo y no tengo que pensar en lo que hay que hacer. Pero no puedo darme ese lujo, no me lo permito, y aquí voy, mal que bien, caminando. Metiendo la pata una y otra vez, pecando de confiada con quienes no debo, y no confiando en quienes debo, ayudando a gente de afuera y haciéndome la ciega con una de las personas que completa mi mundo: mi hermana.

Yo, Cristal, no soy capaz de ayudar a mi hermana menor. De contenerla. De estar con ella, de ser su amiga, bah, su hermana. Quisiera abrazarla cuando me provoca, pero no puedo, porque o estamos peleadas, o no soy capaz de mostrarle mi cariño. Elsa pudo abrirle su corazón a su hermana, yo no.

Mi excusa ha sido que "No puedo darle algo que no tengo", pero lo cierto es que enfrentar sus demonios es recordar a los míos y enfrentarlos de nuevo, y sólo de pensar en el drama, me canso. He simplificado mi vida lo más que he podido, y si detecto novelones, adiós, porque no son buenos para mí, que ya de por sí, soy consciente, tiendo a crear novelas por mi cuenta. Por mucho tiempo responsabilicé la forma de ver la vida y las herramientas que tiene para enfrentarla como la causa de su pesar, de su estancamiento, de su desidia. Incluso la he escuchado quejarse y responsabilizar por su estado a papá, y no la culpo (pero sé que en eso se equivoca, ella podría salir de donde está si se esforzara y aceptara ayuda). Pero hoy, luego del millonésimo enfrentamiento post pelea e intento de reconciliación, me di cuenta de algo más: algo que yo no he querido ver, porque me duele demasiado.

Yo también tengo responsabilidad de su estado.

Me advirtieron en mi tratamiento que iba a haber resistencia por parte de mi familia a mi cambio, que iba a ser difícil; me enseñaron que pensar en una misma y su bienestar no es ser egoísta, sino inteligente y una muestra de amor propio; me dijeron que mi familia iba a pensar que soy una egocéntrica... lo sé, lo experimento todo el tiempo, sé que no les gusta del todo las decisiones que tomo o las cosas que hago o digo. Mi mamá me comprende más, porque me ve bien. Mi hermano no vive con nosotras desde hace años, así que no la sufre tanto. Mi hermana, en cambio, me ve como un ser sumamente desconsiderado, irresponsable y aprovechado. Evidentemente, lo soy, porque ella se preocupa demasiado por los demás y comprendo su punto de vista porque también pensaba así del resto (y sufría porque no me trataban como yo quería que me traten). Pero no me había dado cuenta de que actuar como lo hago ahora también iba a afectar negativamente a mi hermana. Porque no estuve, y cuando estuve, no fui suficiente. Porque, sin querer pues estaba enferma, la anulé, la alejé; porque contadas veces la agredí verbal o físicamente, pero innumerables veces mis acciones y actitudes le atravesaron el corazón. Y ahora, que soy funcional y no estoy sintomática, no soy capaz de ayudarla, y lo que hago por mi bien le hace daño a ella.

Mi hermana está mal por mi culpa. No sólo porque mi papá la dejó a la deriva y mamá no fue capaz de enfrentarla, ponerle límites y darle órdenes. También porque yo no fui capaz de estar ahí para ella, la expuse a mi violencia hacia mí misma, la defraudé como hermana mayor al punto de que ella tomó ese rol, le hice experimentar el rechazo al máximo, como si ella tuviera lepra o hubiera algo malo innato dentro de sí, hice que vea las cosas más terribles que puede ver alguien que ama a otro, y ahora, cuando intento estar con ella o acercarme, no puedo. No lo hago. No he aprendido. No soy capaz de pedir disculpas por protegerme a mí misma de su negatividad, eso sería echarle la culpa de algo en lo que no la tiene. Ella no tiene la culpa de ser como es. Ella no conoce otra manera de enfrentar la vida, ella hace lo mejor que puede, y yo no he ayudado en nada para que mejore. Al contrario.

Mi amor propio, mi mecanismo de defensa, hace que no pueda pasar mucho tiempo con ella, en parte porque es muy intensa para mí, y en parte porque estoy ocupada o prefiero dormir, estar sola o ver a mi novio que conversar con ella. Soy parecida con mi mamá, pero se me hace más fácil acercarme, y estoy trabajando el comunicarme mejor con ella y demostrarle que me importa. Pero con mi hermana, se me hace muy difícil. No le tengo confianza para contarle mis cosas, porque le afectan demasiado y reacciona mal, pero esta forma de "protegerla" le molesta y le refuerza su creencia de que no me importa. Mi hermana tiene serias dificultades para perdonar, dejar ir, pasar la página. ¡Ella puede ser a veces tan drástica! Por ejemplo: si alguien me hace daño, ella se molesta con esa persona al extremo. Es tan radical que es capaz de no dirigir la palabra, eso ha pasado con mi ex, que era su amigo, hasta que se decepcionó de él por algunas actitudes suyas hacia mí. ¿Cómo, entonces, le puedo confiar cuando me molesto con mi novio actual? ¿Para que lo trate feo, así esté yo en el medio? ¿O para andar recordándome eventos tristes luego de que pasaron meses y yo ya había pasado la página? No, gracias. Prefiero que no se entere. Sin embargo, ocultándole información termino haciendo que se resienta conmigo, y que no me cuente sus cosas. "Porque yo no le cuento las mías". Y así se ha creado un círculo vicioso de desconfianza, agresión pasiva, y soledad tan fuerte que la mantiene encerrada en su cuarto.

¿Cómo haces para acercarte a alguien a quien amas mucho pero no quiere saber de tí? Con mi papá y con ex fue mucho más fácil: simplemente reaprender a vivir sin ellos. No hablar, no vernos, el tiempo hace lo suyo, ya está. En cambio, mi hermana duerme en el cuarto contiguo, compartimos el baño, algunas responsabilidades, y escucho sus movimientos.

Ahora no sé qué hacer, porque ocupándome de mí y autoconvenciéndome de que yo no tengo responsabilidad ha aumentado sus síntomas. Podría, de nuevo, deprimirme y hacerme daño por la culpa, porque no conozco otra manera de enfrentar las cosas. Y es que mi mente maquiavélica me hace pensar que, tal vez, si yo me pongo mal, es decir, si me esfuerzo por llamar su atención, pueda usar mi salud y bienestar como herramienta de chantaje para obligarla a hacer terapia. "Porque ella me hace daño".

Esta es una de las cosas más enfermizas que he pensado. Estar mal para conseguir algo es una táctica que ya utilicé, inconscientemente, y casi me mata. Estoy molesta conmigo misma, pero debo ser razonable. No lo niego, aún me pasan por la cabeza cosas así cuando mis emociones están desbocadas, pero mi sentido común, felizmente aprendido, y los benditos antidepresivos que contienen mis impulsos autodestructivos, me mantienen cuerda. No lo voy a hacer. Manejarla con la culpa... bien inteligente de mi parte hacerle sentirse peor, y encima, usar los mismos recursos que ella usa. Me estabiliza saber que si me pongo mal, no será porque quiero que ella me note y haga algo, sino porque REALMENTE me afecta que sufra, me afecta que no disfrute de la vida, me afecta tener esta relación tan mala con ella, me afecta no poder acercarme, me afecta ser una completa extraña, y me afecta que no puedo hacer nada.

Bueno, no es verdad, sólo hay una cosa que puedo hacer: esperar a que ocurra un milagro y la vida se encargue de enseñarle. Como me pasó a mí, que ella tuvo que observar cómo me hacía daño hasta que algo desencadenó mi redención. Sólo que yo no aguanto. Como hermana mayor, no quiero que tenga que sufrir más para aprender, porque ya no quiero verla mal, ya no quiero discutir con ella... ya no quiero tener que pasarla por alto para no sufrir y así hacerla sufrir más.

Me he pasado 3 horas escribiendo y corrigiendo esto, en vez de leer para mi tesis. Por eso ya no escribo, porque gasto demasiado tiempo en expresar cosas que me va mejor diciendo en persona, porque me ayuda más el soporte presencial que el feedback del aire. Porque, lo peor es, nadie se va a tirar media hora leyendo esto.